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Los años de Martin Margiela en Hermès protagonizan una exposición en Amberes

16 abr 2017
04h39
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La "maison" francesa Hermès tiene un sello belga en su guardarropa, el del rompedor Martin Margiela, uno de los diseñadores más prestigiosos del país, con doce colecciones marcadas por la atemporalidad de sus diseños que se exhiben ahora en el Museo de la Moda de Amberes (MOMU).

Con más de 100 piezas, el MOMU contrapone las creaciones que el belga concibió para Hermès a las de su propia marca, fundada por el modisto en los años ochenta y con la que se convirtió en el mayor exponente del "descontructivismo", que rompió los esquemas de la alta costura.

Cuando Hermès fichó a Margiela en 1997, después de su paso como asistente en Jean Paul Gaultier, fue "una sorpresa en el mundo de la moda", pero su entonces director, Jean-Louis Dumas, vio en él "algo de clásico y un excelente modisto", explica a Efe una de las comisarias de la muestra, Elisa De Wyngaert.

"Margiela era el gran renovador de la moda, tenía un acercamiento muy conceptual y vanguardista. Pero la mezcla de ese 'ADN' con el de Hermès fue perfecta, y, al contrario de lo que muchos pensaban, Margiela respetó la marca francesa", añadió.

El resultado son colecciones definidas por una serie de tonalidades muy clásicas -blancos, negros, grises, beige y crudos- con piezas marcadas por la atemporalidad, concebidas para fondo de armario y mujeres "de todas las edades".

De hecho, la exposición ha contado con las modelos que vistieron las prendas hace veinte años, que vuelven a lucirlas hoy, según puede verse en los vídeos proyectados en la muestra, que inciden en cómo "las colecciones de Margiela para Hermès no han envejecido", subraya a Efe la directora del Momu, Kaat Debo.

Margiela inventó algunos conceptos como la "Vareuse", un escote hiperpronunciado en "V" que permite convertir un jersey en túnica o lucirlo con varias capas, o el "Antipluie" ("Antilluvia), una capa de gasa para cubrir abrigos delicados, como los de cuero, y apta para completar vestidos o atuendos nocturnos.

"Margiela piensa en la mujer para vestirla, en su comodidad y confort", explica Debo sobre la filosofía del misterioso modisto, del que apenas circulan fotos, reacio a las entrevistas con los medios y conocido por no imprimir su marca en la ropa.

Desde su "maison", Margiela quiso hacer "un acto de rebeldía ante la obsesión por las marcas y los logos de los años noventa", con etiquetas completamente blancas e hilvanadas simplemente con cuatro hilos, aunque son perfectamente reconocibles.

Margiela llevó también la idea del anonimato a la pasarela, con las modelos que lucían sus prendas, no conocidas y a menudo mujeres que se encontraba en la calle, a las que cubría el rostro con un velo o maquillaje para centrar la atención en la ropa.

También transgredió la idea de crear "prendas radicalmente nuevas en cada temporada, con un armario en constante evolución en el que la mujer puede recuperar prendas anteriores y convertirlas en algo verdaderamente personal", subraya Debo.

"Esta filosofía le convirtió en uno de los precursores de la "slow fashion" (moda sostenible), algo muy en boga ahora pero no muy común en los ochenta", añade la directora del museo.

Contrariamente a lo que muchos temían, Margiela "respetó" el clasicismo de Hermès al no tocar sus piezas icónicas, como el "carré", el emblemático fular de seda de la marca francesa creado en 1937, que el diseñador belga completó con su "losange", un pañuelo en forma de rombo que también puede vestirse como túnica.

"La versatilidad de las prendas de Margiela para Hermès muestran cómo este diseñador concebía la ropa pensando en el confort de la mujer", destaca la experta, una idea que muestra su colección de gabardinas, con cuellos y mangas móviles, o sus abrigos largos con aberturas en las mangas, que permiten mostrar o ocultar los brazos.

Esta etapa belga de Hermès podrá revisitarse hasta el 27 de agosto en el MOMU, que cuenta con más de 30.000 objetos de fondos propios, por ahora ocultos al público, hasta que el museo culmine una reforma que mantendrá sus puertas cerradas durante dos años en vistas a abrir una colección permanente.

Margiela, cuya marca está dirigida hoy por John Galiano, es conocido como el capitán de los "Seis de Amberes", un grupo de diseñadores que puso la ciudad flamenca en el mapa del mundo del diseño en los ochenta y que consolidó la formación de moda de su Real Academia de Bellas Artes, de las más antiguas y prestigiosas de Europa.

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