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Advierten que los niños menores de 3 años tienen un estilo de alimentación poco saludable

21 abr 2017
12h26
actualizado a las 14h41
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Cuatro de cada diez niños menores de 3 años tienen un estilo de alimentación poco saludable, por su alto contenido de azúcar, grasas y sodio, como bebidas azucaradas, galletitas dulces y facturas, así como también pizza, empanadas y sandwiches.

La dieta pierde calidad progresivamente a partir de los 6 meses de vida y, fundamentalmente, luego del año, cuando el niño está comenzando a formar sus hábitos alimentarios y los padres dejan de prepararles comidas especialmente para ellos.

Estas conclusiones provienen de un estudio realizado por CESNI basado en un relevamiento de TNS Gallup representativo de los grandes centros urbanos de la Argentina que estudió el patrón de alimentación durante una semana en 498 niños de 0 a 3 años.

La exposición a los alimentos en la primera infancia (0 a 3 años) cumple un rol trascendente en la conformación de hábitos para toda la vida, ya que en esa etapa se forman circuitos cerebrales de gratificación y/o recompensa que consolidan conductas alimenticias a futuro.

Según las conclusiones del trabajo denominado 'Estudio de Alimentación en la Infancia Temprana', que incluyó a 498 niños menores de 3 años pertenecientes a familias de CABA, Gran Buenos Aires, Córdoba, Rosario y Mendoza, ya entre los 6 meses y el año de vida el 24 por ciento de los niños presenta un patrón alimentario en el que regularmente incorporan opciones poco saludables, valor que aumenta al 42% entre los niños de 1 a 2 años y a un 45% entre los de 2 y 3 años de edad.

En conjunto, si se toman a todos los niños de entre 6 meses y 3 años, 4 de cada 10 presentaron un comportamiento alimentario poco saludable.

En promedio, entre estos actos de ingesta poco saludables, un tercio correspondió a panificados y galletitas ricos en azúcares y grasas (35%), una quinta parte a jugos y gaseosas (18%) y a pizza, empanadas y sándwiches (10%), mientras que el restante 37% estuvo compuesto por otros diversos tipos de alimentos de pobre calidad nutricional.

Otro dato saliente de la investigación fue que casi la mitad de los niños de entre 6 y 11 meses (46%) consumen leche de vaca, un alimento que por su composición de proteínas y minerales no es recomendable para ese período de la vida.

Una cuarta parte (25%) de los niños menores de 3 meses ya habían incorporado de manera precoz alimentos, bebidas y/o infusiones, valor que aumenta a 1 de cada 3 niños antes cumplir los 6 meses de edad.

Acompañando la temprana discontinuación de la lactancia materna, los niños comienzan a incorporar frecuentemente opciones poco saludables.

Desde los 6 meses al año de vida uno de cada 4 alimentos o bebidas consumidos son poco saludables, mientras que a partir del año una tercera parte son poco saludables.

"Durante los primeros seis meses de vida se recomienda que los niños solo reciban la leche materna, sin embargo en nuestro país existe una tendencia a la incorporación precoz de alimentos y bebidas", sostuvo María Elisa Zapata, licenciada en nutrición del CESNI y una de los investigadores que llevó adelante este estudio.

Zapata afurmó que "lo que marcan los datos de este análisis es que la calidad nutricional de la dieta de los niños va disminuyendo progresivamente".

"Se evidencia una tendencia descendente a medida que el niño crece, socializa y comienza a alimentarse con (y como) el resto de su familia", agregó la nutricionista.

A partir de los 6 meses, continuando con la lactancia materna, los niños deben incorporar alimentos que complementan el aporte nutricional de la leche materna, por eso se denomina a este período de 'alimentación complementaria'. .

La importancia de la actitud de receptiva de la madre durante los aprendizajes de los niños. .

Al presentar el trabajo, Esteban Carmuega, médico pediatra y director del CESNI, destacó que "a partir del sexto mes, los niños aprenden a reconocer aromas, texturas y sabores, en una etapa que llamamos de transición, que suele extenderse hasta alrededor del primer año de edad".

En ese sentido, el pediatra indicó que "probar nuevos sabores y texturas se convierte en una experiencia sensorial única y una etapa valiosa y significativa de aprendizaje para el bebé, por eso es tan importante la actitud receptiva de la madre durante los aprendizajes tempranos de la alimentación".

"El niño va logrando estar sentado y controlar sus manos y dedos, por lo que puede tener una participación activa durante su alimentación, promovida por una apropiada presentación de los alimentos, que estimulará su vista, tacto, olfato y gusto", señaló Carmuega.

Además, el director del CESNI manifestó que entre los 6 y los 12 meses es muy frecuente que los padres elaboren una comida especial para el niño, que tiende a ser más saludable que lo que recibe el resto de la familia: "sin embargo, la rápida inclusión del niño en los hábitos del entorno familiar lo ponen en riesgo de un consumo excesivo de azúcares, sodio y grasas, que además de disminuir la calidad de la dieta pueden afectar la conformación de los circuitos de saciedad, recompensa y señales fisiológicas complejas que se instalan en los primeros 1000 días críticos".

"Es decir que la incorporación precoz de alimentos ricos en azúcares, sodio y grasas no solo disminuye la calidad global de la dieta, sino que puede interferir con los complejos fenómenos hipotalámicos que determinan nuestras preferencias alimentarias a lo largo de la vida", precisó Carmuega.

Enfatizando la trascendencia y proyección para el futuro de los eventos que suceden en los primeros 1.000 días de vida, que van desde la gestación hasta los dos años, y que son una ventana única de oportunidad como condicionantes de la salud y del desarrollo integral de una persona en la adultez.

A partir del año, los niños deben incorporarse a la mesa familiar adquiriendo los hábitos y la cultura de su entorno, pero sin por ello perder el rol tutor que deben tener los adultos en estos aprendizajes tempranos, que son tan importantes.

"Con todo lo positivo que esta etapa ofrece en términos de socialización, lo cierto es que en este estudio se evidencia una inclusión precoz de alimentos poco saludables, promoviendo hábitos propios de otras edades", refirió Zapata.

Esteban Carmuega manifestó que "si un niño de 2 años quiere cruzar la calle solo, los padres identifican ese peligro, no lo permiten y le sostienen la mano con firmeza".

"Sin embargo, ante elecciones alimentarias poco saludables, los padres no se alertan por las consecuencias que puede representar a largo plazo. Desde CESNI, sugerimos una alimentación saludable, posible y sostenible a largo plazo. Y para ello sabemos que es necesario el compromiso de toda la familia", añadió.

Tal como sugirió el especialista, estas primeras etapas representan una verdadera oportunidad para ofrecer las mejores opciones nutricionales, porque ellos serán receptivos.

"Los niños no tienen asociaciones estructuradas, como que el café se bebe con leche o que el mate se acompaña con bizcochitos. Entonces, uno puede explorar asociaciones que potencien su ingesta nutricional, como cereales no azucarados, adecuados para niños, acompañados con frutas, o carne con verduras, y así ir moldeando esa plasticidad y sembrando hábitos para forjar en el tiempo, asociaciones que perpetúen estilos de alimentación que promuevan una adultez más saludable", concluyó Carmuega.

Noticias Argentinas

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