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La campaña presidencial iraní llega a su fin en un ambiente polarizado

17 may 2017
14h49
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El último día de la campaña presidencial de Irán se desarrolló en un ambiente polarizado e incierto ante la disputada contienda entre los principales rivales: el moderado Hasan Rohaní, actual mandatario, y el conservador Ebrahim Raisí.

Los dos clérigos chiíes, que celebraron hoy mítines en la ciudad santa de Mashad, tienen un largo historial revolucionario pero una visión distinta sobre la necesidad de apertura y de salvaguarda de los principios islámicos de Irán.

El actual presidente ha insistido durante la campaña electoral en el gran hito que supuso la firma en julio de 2015 del acuerdo nuclear para acabar con el aislamiento internacional del país y con la "iranofobia".

"¿Por qué evitas hablar de tus relaciones con el mundo?", preguntó Rohaní en su acto de hoy dirigiéndose a Raisí, de quien dijo que, si llega a la Presidencia, "pedirá a toda la nación salir del país".

El clérigo moderado ha destacado su defensa de las libertades y los derechos de los ciudadanos, a los que otorgan gran importancia muchos jóvenes que abarrotaron sus mítines, como el estudiante de Historia Mohamad Fatolahí.

"De Rohaní espero que pueda eliminar el ambiente opresor que hay en Irán y crear uno abierto", dijo a Efe Fatolahí, quien denunció que todavía muchas películas son prohibidas o censuradas y se cancelan conciertos "en nombre de la religión".

Los reformistas temen un retroceso en este campo si gana Raisí, custodio del mausoleo del imán Reza en Mashad y un jurista con amplia experiencia en la supervisión del correcto cumplimiento de las normativas del sistema de la República Islámica.

Raisí, escéptico con Occidente, ha centrado su campaña en los temas económicos y, con su lema "Trabajo y dignidad", prometió hoy de nuevo en Mashad crear un millón de empleos anuales y luchar contra la corrupción, al tiempo que arremetió contra el acuerdo nuclear.

Estas son las preocupaciones también de sus votantes. El estudiante Said, de 23 años, dijo a Efe que las políticas de Raisí le ayudarán a "contraer matrimonio, ir a la universidad y conseguir un buen trabajo".

Varias mujeres vestidas con el tradicional chador -prenda, habitualmente negra, que cubre todo el cuerpo salvo la cara- comentaron que el clérigo es el único que no teme a EEUU y que puede obligar a las seis grandes potencias a cumplir con el pacto nuclear que firmaron con Irán.

La diferencia de opinión entre los dos candidatos se extrapola asimismo a sus partidarios y ha quedado patente en los actos electorales.

El principal mitin en Teherán de Rohaní fue en un estadio de fútbol repleto de jóvenes liberales y reivindicativos, mientras que su adversario se dio un baño de multitudes en un complejo religioso en el que predominaron los lemas islámicos y las mujeres con chador.

A Raisí se le considera además muy cercano al líder supremo, Alí Jameneí, y aunque este nunca ha llamado a votar por un determinado candidato, sus declaraciones dejan ver sus preferencias.

Además de criticar el desempeño económico del Gobierno de Rohaní y su apertura a Occidente, Jameneí denunció hoy que hay "ingratos" que "usan la libertad que se les da para negar la libertad existente".

El líder aseguró en un discurso que gracias a la República Islámica "Irán goza de libertad y de participación ciudadana" y alabó "el ambiente seguro" reinante para celebrar elecciones.

Las autoridades han preparado 63.000 colegios electorales y el despliegue de 71.000 supervisores y 160.000 policías, según los datos del Ministerio del Interior y del Consejo de Guardianes.

El portavoz del Consejo de Guardianes, Abasalí Kadjodaí, anunció hoy en rueda de prensa que han notificado al poder judicial más de 200 casos de infracciones en la campaña electoral, pero que estas son menores y no afectan a los comicios.

El ministro del Interior, Abdolreza Rahmani Fazli, informó de que los resultados se anunciarán de una vez, y no en tiempo real, y que las presidenciales podrían resolverse en la primera vuelta.

Este pronóstico se justifica en las renuncias del primer vicepresidente, Eshaq Yahanguiri, y del alcalde de Teherán, Mohamad Baqer Qalibaf, a favor de Rohaní y de Raisí, respectivamente.

Debido a la menor popularidad de los otros dos candidatos, los exministros Mostafa Mirsalim y Mostafa Hashemitaba, está claro que la batalla se librará entre los clérigos.

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