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Francia debate en estas elecciones su modelo de sociedad y convivencia

18 abr 2017
07h54
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La ley de 1905 consagró en Francia la separación entre la Iglesia y el Estado y prohibió la subvención de actividades religiosas. En 2017, el debate sobre el laicismo y la identidad nacional todavía no se ha cerrado, insertado esta vez en cuestiones de seguridad, economía e integración.

Aunque el cumplimiento estricto de esa normativa es un punto común a los candidatos a las presidenciales, sus matices evidencian las cicatrices en una materia que la derecha y la extrema derecha son más propensas a abordar.

El burkini, bañador islámico que cubre totalmente el cuerpo de la mujer, sirve de ejemplo. Mientras la ultraderechista Marine Le Pen y el conservador François Fillon abogan por vetarlo, el socialista Benoît Hamon es contrario a su prohibición y el socioliberal Emmanuel Macron justifica su veto en ocasiones por motivos de orden público.

La religión no ha tenido un rol tan preeminente en esta campaña, que tendrá su primera cita con las urnas el domingo, pero la identidad nacional y la apertura o no del país mantienen un rol central.

"Lo que hace ganar a un candidato no es tanto un programa como un imaginario, el relato de Francia que resuene en la cabeza de la mayoría", explica a EFE el investigador en Ciencias Políticas Vincent Martigny, autor del libro "Dire la France. Culture(s) et identités nationales".

En esa línea, el proteccionismo de Le Pen y la firmeza que comparte con Fillon en materia migratoria contrastan con la mayor flexibilidad de Hamon y del líder izquierdista Jean-Luc Mélenchon.

Los recientes atentados yihadistas no han hecho caer a los aspirantes en el establecimiento de una relación directa entre islamismo y terrorismo porque, añade el sociólogo del Centro de estudios políticos de la Universidad Sciences Po (CEVIPOF) Adil Jazouly, son conscientes de que no reporta rédito electoral.

Pero la inmigración sí se ha colado en una campaña protagonizada por las investigaciones judiciales a Fillon y Le Pen o por las divergencias en política exterior, que llega a su recta final sin un claro favorito.

Estos dos últimos coinciden en querer suprimir la ayuda médica estatal a los irregulares, mientras que Hamon quiere integrarla en la cobertura sanitaria universal, Le Pen pretende hacer "imposible" la regularización de los extranjeros en situación ilegal y Mélenchon defiende lo contrario.

Frente a las elecciones de 2012, celebradas tras el quinquenio del conservador Nicolas Sarkozy, que según Jazouly fue mucho más "hostil" contra los inmigrantes que el socialista François Hollande, esta campaña ha tocado de forma más transversal esa temática.

La cuestión migratoria y los refugiados interesan, añade el experto, pero tampoco han acabado de calar "porque la mayoría vive bien el laicismo en el día a día".

Pese a ello, la campaña sí ha servido para preguntarse qué modelo de sociedad se quiere.

Así, Mélenchon se opone a cualquier financiación pública relacionada con el credo e incluso a la presencia de ministros y delegados de Gobierno en ceremonias religiosas.

En el primer punto coincide con Le Pen, mientras que Fillon rebaja el tono al promover que el Estado forme a los imanes y Macron apuesta por completar la educación de estos últimos con un diploma universitario y por crear una Federación nacional del islam.

Aunque "es más fácil hablar de inmigración" que de economía, según la presidenta de la Sociedad del Estudio de los Lenguajes Políticos (SELP), Chloe Gaboriaux, ésta ha sido tratada más como la cristalización de "frustraciones ligadas a cuestiones económicas y sociales".

Ejemplo de ello es la intención de Le Pen de inscribir en la Constitución la "prioridad nacional" para el acceso a ayudas, trabajo o alojamiento, y sus críticas a la deriva multicultural que a su juicio propone Macron.

Como telón de fondo prima la constatación de que hay un electorado heterogéneo al que dirigirse. "Soy el candidato de la Francia mestiza. (...) El de la Francia laica de raíces múltiples", ha llegado a decir Hamon.

"Más allá de nuestros orígenes, religiones y regiones, somos primero y ante todo franceses. Somos una nación de integración. E integración significa que quien viene legalmente a Francia adopta Francia, y que Francia le adopta como uno de los suyos", añadió este sábado Fillon.

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