Sydney, 20 de julio (Télam) - En los días previos a la Jornada
Mundial de la Juventud, los habitantes de Sydney se quejaban de
los problemas de tráfico o los costos que acarrearía para los
contribuyentes, hasta que llegaron el Papa y las masas de jóvenes
fieles, cuando todo cambió.
Cuando se intentaba captar la frustración de los conductores
atrapados en embotellamientos, era común escuchar: "¡No importa,
da gusto ver a tantos jóvenes sonrientes!", o bien "¿Qué más da
media hora de atasco? Esto merece la pena", según un cable de la
agencia de noticias alemana DPA.
En un país donde la Iglesia desempeña un pequeño papel en la
vida pública y donde sólo viven cinco millones de católicos, de
los que como mucho uno de cada seis va regularmente a misa, esta
fiesta gigante fue una revelación.
"Los creyentes nos han electrizado", escribe hoy el diario
"Sun- Herald".
"Sydney ha descubierto una nueva especie de
estrella del rock: un hombre mayor vestido de blanco", señala el
"Sunday Telegraph".
"Sydney ha olvidado durante una semana que en realidad es una
ciudad demasiado `cool` para la religión".
El organizador jefe,
Danny Casey, lo resumía así: "los peregrinos pensaban que estaban
en el paraíso".
La reacción de Benedicto XVI con los jóvenes fue diferente a
la de su carismático predecesor, reconoció el portavoz del
Vaticano, Federico Lombardi: "Juan Pablo pasó mucho tiempo con los
jóvenes durante su etapa como párroco, viajó con ellos en canoa e
hizo excursiones por el bosque, era muy espontáneo", señaló.
"Benedicto, en cambio, fue profesor universitario, y por su
forma de expresarse se nota que está más acostumbrado a tratar con
estudiantes".
El Papa alemán quizá no se exprese con los mismos
grandes gestos para la juventud que su predecesor, "pero recibe
sus gestos con gran alegría", afirmó Lombardi.
Benedicto XVI impresionó sobre todo a los australianos con sus
rotundas palabras sobre los escándalos sexuales en la Iglesia.
Habló de vergüenza y del dolor de las víctimas y sostuvo que los
autores deben ser condenados sin concesiones.
Hetty Johnston, de la asociación de víctimas Braveheart, se lo
agradeció: "Estas palabras significan mucho", señaló.
Durante la misa de clausura en Sydney, el Papa dijo a los
fieles que ellos están a la vanguardia espiritual de una "nueva
era en la que la esperanza nos libera de la superficialidad, la
apatía y el auto-ensimismamiento que amortigua nuestras almas y
envenena nuestras relaciones".
"Me alegro de poder verlos nuevamente a todos ustedes en tres
años", añadió.
El próximo encuentro del pontífice con la juventud
mundial será en 2011 en Madrid.
(Télam)
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