› Terra › Actualidad

Buscador


 Envianos un email
Buenos Aires, 20 de julio de 2008 - 13:15hs.

Panorama bonaerense
Ya nada será igual

La Plata, 20 julio (Especial para NA, por Marisa Alvarez) -- Como al país, una enorme sensación de alivio recorrió a la Provincia al cabo de una semana que había comenzado con las tensiones en su punto más agudo. Tras la conmoción que provocaron las masivas concentraciones que celebraron el martes el campo y el oficialismo -ambas con fuertes aportes bonaerenses- y el fenomenal clima de incertidumbre que enmarcó a las 17 horas del debate de las retenciones agrarias en el Senado de la Nación, la ciudadanía recuperó la calma perdida. Y la clase política bonaerense también, aunque para ella el alivio de estas horas funciona como apenas un respiro.

En el interior de la Provincia, los productores celebraron con asados un final de la crisis -el rechazo del proyecto oficial en el Congreso, de la mano del vicepresidente Julio Cobos, y la anulación de las retenciones móviles- en el que muy pocos confiaban. A sus comunidades las espera la urgente tarea de recuperación de sus economías. En los centros urbanos de la Provincia, la gente entendió que el desenlace de ese conflicto -que le sirvió para descargar sus propios reclamos y del que terminó sintiéndose parte- le devolvía certidumbres perdidas.

Para los economistas, no todo se volvió súbitamente color de rosa. Señalan, como lo vienen haciendo desde hace meses, que la inflación -como consecuencia y expresión del "desvío" de múltiples variables- deberá ser asumida ahora como lo que es, un alto riesgo que requiere ser abordado sin dilaciones para que no se convierta en un problema irreversible. Pero la sociedad, con derecho, quiere disfrutar ahora del impagable sabor de los alivios que suceden a las crisis.

De una forma u otra, también es de alivio el clima de estas horas en la clase política bonaerense. Para muchos de sus actores -los intendentes del interior, por caso-, la crisis del campo se había convertido en una opresión insoportable. Pero en esos ámbitos las preocupaciones no ceden. Saben que se vienen tiempos de duros reacomodamientos, signados por las marcas que en cada sector dejó este conflicto.

La dirigencia de la oposición se siente fortalecida. En la Coalición Cívica, en la UCR, en el peronismo disidente, en el macrismo, los dirigentes creen que en el transcurso de esta crisis la ciudadanía los visualizó cerca de ella, en particular en la pelea que dieron en el Congreso nacional en contra del proyecto del Gobierno. Pero saben también que ese rédito puede tener menos vida que un lirio si no se manejan con inteligencia de ahora en más.

Los sentimientos son bastante más complejos en el oficialismo bonaerense. Su realidad es compleja, para decirlo -en consonancia con la consigna de la hora- "sin dramatizar".

En las provincias agrarias, en especial sojeras, las rebeldías despuntaron en el oficialismo desde el comienzo mismo de la crisis del campo, con excepción de Buenos Aires. Teniendo el mando de la Provincia, de más de un centenar de sus 134 municipios y de la Legislatura, y con una legión clave en la Cámara de Diputados de la Nación, el peronismo bonaerense se alineó sin fisuras con la Casa Rosada -y con el jefe del PJ, Néstor Kirchner- del principio al fin de la crisis. Apenas tres diputados -sobre más de 40- votando en contra del proyecto del oficialismo fue la única expresión bonaerense de disidencia a lo largo de todo ese proceso.

En esta hora de balance, en el propio oficialismo bonaerense entienden que este proceso terminó con tres derrotas para el kirchnerismo. Perdió la pulseada con el campo, a la que el Gobierno definió como una guerra decisiva; perdió "la calle" -una batalla resuelta drásticamente con los actos paralelos del martes pasado en el Congreso y en Palermo-; y perdió el Congreso, donde la votación de las retenciones lo dejó sin la mayoría holgada que tenía en el Senado y a cuatro votos del fracaso en la Cámara baja.

Por eso, en el peronismo bonaerense el alivio por el fin de una crisis que se le había tornado asfixiante no alcanzó a tapar el doloroso impacto de la resolución. Asumen sus dirigentes que a ellos también los afectó duramente tanta pérdida. "Esta derrota muestra que fuimos verticalistas al servicio de una estrategia gubernamental y partidaria que resultó equivocada", resumía este fin de semana un referente del Conurbano.

El saldo final, dicen, arroja un desgaste del gobierno nacional que los alcanza y un resquebrajamiento de derivaciones imprevisibles del frente interno.

La pregunta es: ¿esa dirigencia no vio hasta que llegó el desenlace que estaba siguiendo sin chistar una estrategia errónea, como sí lo vieron los peronistas cordobeses, santafesinos y entrerrianos, entre otros? ¿No creyó nunca que la razón podía estar del lado de los ruralistas, que son por lo demás una parte sustancial de los votantes de esta provincia? ¿O está signada por una lealtad partidaria temeraria? Una visión dura de este espacio dice que, por una "condición genética, exacerbada por el kirchnerismo", el peronismo bonaerense está compuesto por un 10% de oficialistas auténticos; otro 5% de antioficialistas también genuinos; y un 85% de "oficialistas no convencidos", que asumen esa posición por razones acomodaticias y que, por lo tanto, sobreactúan hasta convertirse en obedientes ciegos.

Como sea, en estos meses, y en los últimos días en particular, esa dirigencia vio el abismo. Y ya nada será igual.

Nadie imagina, en el propio sena de la fuerza, una rápida formalización de líneas internas. Pero mientras un grupo permanecerá ultrakirchnerista y otro seguirá yendo a tomar café con Eduardo Duhalde hasta ver cómo evoluciona la situación, una mayoría parece haber consolidado, con los acontecimientos de las últimas horas, la intención de trabajar, con vistas a las elecciones del 2009 y a la renovación de autoridades del PJ provincial, en un armado que les otorgue identidad propia e "independencia partidaria".

En sus palabras, apuntan a generar "un peronismo que tenga autonomía de los liderazgos nacionales, de modo que un eventual final del kirchnerismo no lo obligue a retroceder a esquemas y jefaturas de varios años atrás".

Por su lado, Daniel Scioli busca atenuar los costos de su alineamiento incondicional a la estrategia que la Casa Rosada y Néstor Kirchner desarrollaron en la crisis del campo.

El Gobernador actuó desde la convicción de que, con los gobiernos de las otras dos grandes provincias del país -Santa Fe y Córdoba- parados en la vereda del campo desde el arranque mismo del conflicto, un posicionamiento del gobierno bonaerense también en favor de los ruralistas, desestabilizaría peligrosamente al gobierno nacional. Entendió, así, que era una cuestión de "responsabilidad institucional" respaldar a la Casa Rosada. Y a ese factor se sumó la fuerte dependencia económica y financiera que históricamente -y ahora también- tiene esta provincia con las arcas de la Nación.

Pero en la Gobernación se analiza que hubo además gruesos errores de cálculo en las evaluaciones políticas del conflicto que le acercaron a Scioli. Aludían a una pulseada de corta duración y, por lo tanto, de acotado desgaste. Apostaban a la capacidad de Néstor y Cristina Kirchner para doblegar a quienes los confrontan y para evitar desmadres. Se subestimaba la profundidad de la protesta del campo y la adhesión que cosechaba en otros sectores de la sociedad. Y nunca imaginaron un final de derrota de la Casa Rosada. Pasó todo lo contrario.

En las tensas horas del jueves, aún sin señales sobre cómo reaccionarían los Kirchner ante el rechazo del proyecto oficialista en el Senado, Scioli marcó un límite. Salió a advertir que había que respetar esa decisión y actuar en consecuencia; y a rescatar como un logro de las instituciones ese veredicto legislativo.

Desde entonces, el Gobernador se ha cuidado de cuestionar la decisión de Cobos, en una suerte de respaldo implícito; pide autocrítica en el oficialismo. Y espera no tener que asumir en los próximos tiempos posturas que no tengan que ver con cuestiones que pueda resolver desde su gestión.

MA/EW



Noticias Argentinas


Anuncios Google