Buenos Aires, 10 mayo (Especial de NA, por Nicolás Tereschuk)
-– Una verdad no escrita de la política en general, pero del
progresismo o de la izquierda en particular, parece afectar hoy
más que nunca a la Central de Trabajadores Argentinos (CTA):
aquella según la cual el mayor enemigo es el que está más cerca en
lo ideológico.
Al menos eso puede pensarse de los duros cruces que en los
últimos días se dieron en la central obrera disidente, como uno
de los múltiples coletazos del conflicto entre el Gobierno
nacional y las entidades del agro.
La disputa actualizó la duda histórica de los principales
dirigentes enrolados en el conglomerado de gremios entre los que
sobresalen los estatales de ATE y los docentes de CTERA: salir a
"jugar" en la arena política o preservar su margen de acción en
el ámbito puramente sindical.
Y una vez más, como en buena parte del espacio "progresista",
la pelea se disparó por la disyuntiva de estar a favor o en
contra de la visión del kirchnerismo.
Todo comenzó cuando el ex jefe de la CTA, Víctor De Gennaro,
junto con el secretario general de la central en capital, Fabio
Basteiro, y el diputado Claudio Lozano organizaron un encuentro
con un viejo compañero de ruta, el titular de la Federación
Agraria Argentina, Eduardo Buzzi, para discutir sobre el
conflicto del campo.
Allí se escucharon fuertes críticas a la política agropecuaria
del Gobierno, en un momento de alta tensión con el Ejecutivo.
La noticia del encuentro indignó al líder de la Federación de
Tierra y Vivienda, Luis D’Elía, quien anunció que competirá con
un sector kirchnerista por el liderazgo de la central.
Y puso en una situación complicada a Hugo Yasky, el ex titular
de CTERA y actual secretario general de la CTA, que trata de
hacer equilibrio entre todos los sectores.
Yasky salió a aclarar pronto que fue sólo "un sector" de la
CTA el que recibió a Buzzi, en estas horas uno de los dirigentes
más enfrentados con la gestión de Cristina Kirchner.
Así, un conjunto de dirigentes sindicales con una mirada
similar sobre temas como la distribución de la riqueza, el modelo
económico o la organización política terminan enfrentados por
diferencias sobre la mejor estrategia en la relación con el
oficialismo.
En ese complicado contexto interno también tiene peso el
constante reclamo de la central para que el Gobierno nacional le
dé pleno reconocimiento, una iniciativa a la que la CGT se opone
desde hace años.
A pesar de no querer pararse en la vereda de enfrente del
Gobierno, adonde militan con firmeza Elisa Carrió o Mauricio
Macri, Yasky se ve en una situación compleja porque el Gobierno
nacional no da señales favorables al otorgamiento de la
personería gremial para la CTA.
De hecho, el encuentro que Yasky y los máximos dirigentes de
la central mantuvieron con la Presidenta en febrero pasado fue
formal y frío.
En ese marco, se actualizan los ya clásicos dilemas de ese
espacio sindical en cuanto a la posibilidad de llevar o no sus
demandas a través de fuerzas políticas que compitan en
elecciones.
Dirigentes del espacio ya se presentaron en su momento a
elecciones por distintos partidos –por caso, Marta Maffei entró
como diputada por el ARI, mientras que Ariel Basteiro lo hizo por
el kirchnerismo-.
Pero la CTA nunca logró encolumnar a su dirigencia detrás de
un único proyecto político.
Varias veces coqueteó con la posibilidad de ser la columna
central de un movimiento político y social, aunque las
diferencias internas, como las que se actualizan una vez más,
impidieron esa idea.
Las definiciones en la CTA serán esenciales para conocer el
rumbo que tomará el "progresismo" de aquí a las inciertas
elecciones legislativas del año próximo.
NT/GP/JC