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Buenos Aires, 10 de mayo de 2008 - 16:12hs.

Enfoques (especial)
La CTA, siempre en la encrucijada política

Buenos Aires, 10 mayo (Especial de NA, por Nicolás Tereschuk) -– Una verdad no escrita de la política en general, pero del progresismo o de la izquierda en particular, parece afectar hoy más que nunca a la Central de Trabajadores Argentinos (CTA): aquella según la cual el mayor enemigo es el que está más cerca en lo ideológico.

Al menos eso puede pensarse de los duros cruces que en los últimos días se dieron en la central obrera disidente, como uno de los múltiples coletazos del conflicto entre el Gobierno nacional y las entidades del agro. La disputa actualizó la duda histórica de los principales dirigentes enrolados en el conglomerado de gremios entre los que sobresalen los estatales de ATE y los docentes de CTERA: salir a "jugar" en la arena política o preservar su margen de acción en el ámbito puramente sindical.

Y una vez más, como en buena parte del espacio "progresista", la pelea se disparó por la disyuntiva de estar a favor o en contra de la visión del kirchnerismo. Todo comenzó cuando el ex jefe de la CTA, Víctor De Gennaro, junto con el secretario general de la central en capital, Fabio Basteiro, y el diputado Claudio Lozano organizaron un encuentro con un viejo compañero de ruta, el titular de la Federación Agraria Argentina, Eduardo Buzzi, para discutir sobre el conflicto del campo.

Allí se escucharon fuertes críticas a la política agropecuaria del Gobierno, en un momento de alta tensión con el Ejecutivo. La noticia del encuentro indignó al líder de la Federación de Tierra y Vivienda, Luis D’Elía, quien anunció que competirá con un sector kirchnerista por el liderazgo de la central. Y puso en una situación complicada a Hugo Yasky, el ex titular de CTERA y actual secretario general de la CTA, que trata de hacer equilibrio entre todos los sectores. Yasky salió a aclarar pronto que fue sólo "un sector" de la CTA el que recibió a Buzzi, en estas horas uno de los dirigentes más enfrentados con la gestión de Cristina Kirchner. Así, un conjunto de dirigentes sindicales con una mirada similar sobre temas como la distribución de la riqueza, el modelo económico o la organización política terminan enfrentados por diferencias sobre la mejor estrategia en la relación con el oficialismo.

En ese complicado contexto interno también tiene peso el constante reclamo de la central para que el Gobierno nacional le dé pleno reconocimiento, una iniciativa a la que la CGT se opone desde hace años. A pesar de no querer pararse en la vereda de enfrente del Gobierno, adonde militan con firmeza Elisa Carrió o Mauricio Macri, Yasky se ve en una situación compleja porque el Gobierno nacional no da señales favorables al otorgamiento de la personería gremial para la CTA. De hecho, el encuentro que Yasky y los máximos dirigentes de la central mantuvieron con la Presidenta en febrero pasado fue formal y frío.

En ese marco, se actualizan los ya clásicos dilemas de ese espacio sindical en cuanto a la posibilidad de llevar o no sus demandas a través de fuerzas políticas que compitan en elecciones. Dirigentes del espacio ya se presentaron en su momento a elecciones por distintos partidos –por caso, Marta Maffei entró como diputada por el ARI, mientras que Ariel Basteiro lo hizo por el kirchnerismo-.

Pero la CTA nunca logró encolumnar a su dirigencia detrás de un único proyecto político. Varias veces coqueteó con la posibilidad de ser la columna central de un movimiento político y social, aunque las diferencias internas, como las que se actualizan una vez más, impidieron esa idea.

Las definiciones en la CTA serán esenciales para conocer el rumbo que tomará el "progresismo" de aquí a las inciertas elecciones legislativas del año próximo.

NT/GP/JC



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