|
|

En
1933, el periodista Armando Zegrí, que era dueño de un café en Greenwich Village,
organizó recitales para Astor (con sólo 12 años), que por entonces vivía con sus
padres en New York. Piazzolla también intervino en la inauguración de los edificios
del nuevo Rockefeller Center. Diego Rivera estaba pintando el mural revolucionario
que ocasionó su despido y la destrucción de la obra por parte de Rockefeller.
Allí Rivera escuchó a Astor tocar el bandoneón y lo retrató en un dibujo, que
el músico guardó toda su vida.
A pesar de su famoso antiperonismo, Astor grabó en 1948, pleno régimen
peronista, un par de obras "apropiadas", una de ellas el vals patriótico "República
Argentina", que no volvió a tocar nunca más. Y a instancias de un poeta que tenía
conexiones con el peronismo, compuso un Himno a Perón, que al poco tiempo destruyó.
Sin embargo, los padres de Astor apoyaron el gobierno peronista.
En 1951 Astor compuso Buenos Aires (Opus 15). Con esta obra se presentó
para el Premio Fabien Sevitsky, dotado de un premio de 250 dólares. Astor ganó
la distinción y presentó la obra en el auditorio de la Facultad de Derecho, ante
el establishment de la música académica. Gran parte del público aplaudió pero
un sector se retiró escandalizada. Una observación de un asistente dio origen
a un altercado, con gritos y trompadas. No sólo en el tango Astor despertó polémica.
Astor Piazzolla era sonámbulo y ya en plena luna de miel, su primera esposa
de Astor, Dedé Wolff, empezó a convivir con ello. Una noche sintió que Piazzolla
le daba golpes en la espalda y al despertarse lo encontró desorbitados, tirando
puñetazos en todas las direcciones. Otra vez lo encontró durmiendo en el piso.
Se había apropiado de las frazadas.
La vuelta de Astor a Estados Unidos a fines de los años 50 le trajo unos
cuantos dolores de cabeza: viajó con muchas esperanzas pero la cosa no fue fácil.
A tal punto que para mantener a su esposa Dedé Wolf y a sus hijos Diana y Daniel
buscó trabajo por afuera de la música. A través de un editor de música consiguió
un puesto de traductor part time en un banco a razón de 300 dólares semanales.
El día que tenía que empezar a trabajar salió a las 8 de la mañana pero estuvo
estuvo de vuelta a las 9. "No pude", le dijo a su familia. "Yo no sirvo para esto".
Fragmentos tomados del libro "Astor Piazzolla. Su vida y su música", de María
Susana Azzi y Simón Collier. Editorial El Ateneo.
|
|

|