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Trayectoria
- Aznar según sus colegas
- Links de interés
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Pedro Aznar, ¿cómo se gestó el disco "Caja de música"?
-Nació a partir de una propuesta de la Secretaría de Cultura del
Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, que al principio me asustó
un poco. Pero hice un click y pasé rápidamente del susto al placer.
Fue una justificación gustosa para volver a leer toda la obra poética
de Borges.
-¿Fue una tarea compleja elegir los poemas
entre una obra tan vasta?
-En realidad, la elección no se hizo difícil. Hice una previa en
la cual elegí unos 30 títulos, los escribí en mi computadora,
los imprimí y los dejé en mi mesa de trabajo. Cada mañana leía los
poemas y el que me llamaba más la atención, lo elegía y me ponía
a trabajar en él. Sentí que dialogaba con otro músico.
-¿La selección de los invitados fue posterior?
-La idea de los invitados nació con la sugerencia propia de los
poemas en su aspecto musical. Es como si cada una de esas músicas
pidiese una determinada voz. Los mismos poemas lo pedían.
- ¿Cuándo ingresa en tu vida el universo
borgeano?
-A Borges lo descubrí al final de mi adolescencia. Hay cosas que
llegan a la vida porque decantan, o quizá porque uno se aviva y
dice: "Uyy. Mirá lo que hay. Y yo me lo estaba perdiendo". Ojo,
no me parece que sea un escritor hermético ni difícil. Hay una especie
de mito que con su literatura uno no se puede meter hasta una cierta
edad o hasta haber leído a otros autores. Por el contrario, yo creo
que Borges invita.
-¿Te acordás qué fue lo primero que leíste
de Borges?
-Sí, "El aleph". El cuento me agarró, me metió en el bolsillo y
no salí nunca más. Fue hacia el fin de mi adolescencia. Yo era fan
de otros escritores y un cortazariano empedernido. Pero entrar por
la puerta de Borges fue como ingresar por un laberinto placentero.
-Volviendo a tu trabajo "Caja de música".
¿Se volvió un desafío especial musicalizar poemas no pensados para
convertirse en canción?
-Fue un poco arriesgado, porque el escritor no te pidió que te metás
con su obra. Igual, nunca dejé de tener una actitud respetuosa y
sentí que estaba el permiso. Borges decía que "El escritor publica
para dejar de corregir", con lo que quedó claro que su literatura
está abierta a mayores interpretaciones. Sus poemas son eternos,
con su propio peso específico. "Caja de música" no cambia nada,
es otra obra que usa con respeto sus poemas para generar otra cosa.
-¿Pero te presentó dificultades el trabajo?
-No fue difícil porque los poemas de Borges tienen una musicalidad
exquisita. Nunca sentí que dialogaba con la obra de alguien que
ya no está vivo. Su literatura tiene una flexibilidad tal que nunca
se siente como letra muerta. Lo digo en el sentido de que los poemas
fueron generosamente abiertos para trabajar.
-Tu trabajo con poemas no elaborados para
ser canción es poco común en el panorama local. La obra del Tata
Cedrón es otra de las excepciones. En España, en cambio, es más
frecuente volver sobre la obra de García Lorca y Machado.
-Sí, pero es bueno que se empiece a hacer esto acá. Para los músicos
es un ejercicio impresionante. Particularmente para los que además
somos letristas. Meterte con la obra de semejantes grandes es un
ejercicio de aprendizaje maravilloso, es como cursar una materia
importantísima.
-El disco está integrado en su mayor parte
por poemas de las décadas del 60 y del 70 ¿Hay algún eje temático
que te haya impresionado más dentro de las múltiples temáticas de
la obra de Borges?
-No me propuse tocar determinado ángulo de su literatura. Dejé que
los poemas se eligieran por su sugerencia. Pero resultó que por
gusto personal en el disco hay más del Borges del misterio metafísico,
de los laberintos y de los tigres que del autor que evoca a los
compadritos y los cuchillos. El gusto propio siempre se termina
reflejando.
-¿Más allá de su obra poética, hay algún
cuento o ensayo que te haya impactado?
-Todos sus cuentos me parecen maravillosos, pero "Las ruinas circulares"
es genial. Esa obra me mata.
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