Buenos Aires, 15 de septiembre de 2003 - 01:59 hs. Última actualización 09:37
El análisis de Oscar Cardoso Kirchner, en busca del "tercer movimiento histórico" En la riesgosa jugada de respaldar a Ibarra y colaborar en la derrota que este le infligió a Mauricio Macri, Kirchner recogió el derecho a exhibir como propio uno de los grandes distritos electorales.
Quizá sea demasiado temprano para plantear la paradoja, pero es muy posible que el electorado de la Capital Federal le haya abierto con la consagración de la fórmula que encabezó Aníbal Ibarra-el espacio político mínimo necesario al presidente Néstor Kirchner para pensar en una auténtica etapa de pos peronismo, que se iniciaría bajo su liderazgo.
Puede ser apresurado y también parecer descabellado, después de todo ese peronismo demostró este pasado domingo ser la única de las grandes fuerzas políticas tradicionales de la Argentina que aun está en píe.
De eso habla el triunfo de Felipe Solá en Buenos Aires y aun antes los de José Manuel de la Sota en Córdoba y Carlos Reuteman en Santa Fe y los de otros barones provinciales del justicialismo.
En la provincia de Buenos Aires, además, los peronistas ganaron intendencias como Bahía Blanca, por ejemplo- que anteriores comicios le habían negado aún en épocas de esplendor partidario.
En la riesgosa jugada de respaldar a Ibarra y colaborar en la derrota que este le infligió a Mauricio Macri, Kirchner recogió el derecho a exhibir como propio uno de los grandes distritos electorales.
El Presidente que ahora dialogará con hombres como De la Sota o Reuteman y especialmente con Eduardo Duhalde ganador implícito en esta ocasión- ya no será el que muestre solo un mandato de origen minoritario (el de la elección nacional en la que Kirchner ni siquiera fue el más votado) o el dominio territorial en la distante y pequeña Santa Cruz. Catorce millones de personas, si se suma a la Capital Federal y al conurbano bonaerense, le entregaron, a través de Solá e Ibarra una ficha mayor en el juego interno del peronismo que, hoy por hoy, puede definir tanto al oficialismo como a una eventual oposición. ¿Es brillo de oro?
A diestra y siniestra de ese peronismo hay poco. La izquierda parece perder su voz en el estruendo de la llamada Onda K y en sus propuestas que muchas veces le quitan la agenda a ese costado político. La derecha no parece hallar anclaje: primero comenzó a desflecarse la promesa de Ricardo López Murphy y ahora la imposibilidad de Macri termina por dejarla, al menos transitoriamente, sin referente.
Algunos sostienen que a estos fracasos hay que sumarle el intento de centrismo que se habría encarnado en la cooptación del vicepresidente Daniel Scioli que Kirchner redujo a nada con rápida maniobra semanas atrás-, pero esto último solo puede ser consignado como análisis aclarando que es una versión alentada por el oficialismo.
Lo cierto es que fuera del ámbito del peronismo- Kirchner goza hoy en la política de la libertad que da el vacío.
Pero conviene no dejarse deslumbrar por este brillo que puede ser más aparente que real, en un futuro cercano. En verdad un potencial factor limitante es la supervivencia probada del aparato político que se encarna en la conducción de Duhalde en el principal distrito.
Aunque el triunfo holgado de Solá en la Gobernación complace tanto a Kirchner como a Duhalde, hay más de una razón para pensar que el Presidente hubiera deseado una diferencia porcentual mucho mayor fue apenas de dos puntos- entre los votos a gobernador y aquellos a diputados nacionales que son enteramente propios del duhaldismo.
Habrá ahora 40 diputados en el bloque peronista del Congreso Nacional que son disciplinadamente duhaldistas y que se referirán a su jefe político por lo menos tanto como al Presidente a la hora de votar.
Por esta y otras razones una de las claves de la gobernabilidad argentina estará cifrada, en los meses venideros, en la presencia o ausencia de coincidencia entre Kirchner y Duhalde sobre las grandes decisiones que se avecinan, de modo inevitable.
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