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Buenos Aires, 30 de julio de 2003 - 20:44 hs. Última actualización 12:45
El análisis de Oscar Cardoso Extradiciones: la Argentina de la conciencia oscura Sea cual fuere el rumbo que tome el eventual juzgamiento de ex represores en el extranjero, la recurrencia de esta "herida abierta" demuestra la incapacidad de la sociedad toda de demandar y administrar Justicia. El peligro de vulnerar, una vez más, la Constitución.
Cualquiera sea el rumbo que tome el juzgamiento que intentan realizar hoy varios jueces nacionales europeos de los antiguos responsables del terrorismo de Estado argentino durante los años de plomo -1976 / 1983- de la última dictadura militar, lo cierto es que el avance de estas causas ha puesto al país frente a un espejo en el que siempre evitó mirarse: uno que refleja el costado más oscuro de su conciencia colectiva.
Los magistrados -el español Baltasar Garzón es el más notorio, pero hay colegas alemanes y franceses que demuestran el mismo propósito- han vuelto, con sus acciones, a poner el dedo sobre la llaga de la impunidad.
Y con la remoción de las trabas político-burocráticas (la derogación de un decreto firmado por Fernando De la Rúa en el 2001) para la extradición de nacionales al extranjero, el actual presidente, Néstor Kirchner, abrió el camino para que todos debamos, inevitablemente, recordar que la ausencia de castigo para quienes secuestraron, desaparecieron, sometieron a suplicio y asesinaron a miles de argentinos y extranjeros en aquel período es el producto no solo de la decisión política de algunos gobiernos -los de Raúl Alfonsín, Carlos Menem y el propio De la Rúa-, sino, en el sentido más amplio, de la incapacidad de la sociedad toda para demandar justicia.
Este es un trago amargo que los argentinos sólo hemos conseguido demorar para notificarnos, una y otra vez, de que no hay modo de evitar digerirlo. Esto sugiere que la ocasión, por indeseada que nos pueda parecer, constituye una oportunidad, la de despejar de una vez interrogantes sobre el país, su historia reciente y los valores morales que informan su cultura.
Pero es, también, una instancia de sumo riesgo porque sugiere un camino riesgoso en el que los argentinos podríamos recurrir en un viejo y pernicioso juego: la alteración mal disimulada de las normas constitucionales.
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Terra
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