La estrategia económica llevada adelante en los últimos años por los distintos gobiernos argentinos ha consistido en presentar la confianza de los mercados financieros como elemento central de un sendero de crecimiento.
En línea con esa estrategia, se llegó a la demagogia con ese sector. Se le concedió todo lo que reclamó: reforma laboral, diversos blindajes, déficit cero, intangibilidad de los depósitos, declaraciones contrarias al Mercosur y favorables al ALCA, por citar algunas.
El argumento más importante para recuperar la confianza del sector financiero fue la eliminación del déficit fiscal, aunque desde el punto de vista económico sea una aberración tener superávit presupuestario en época de la recesión.
El resultado de esas políticas está a la vista: no hubo ni crecimiento ni confianza. Pretender ahora centrar toda la estrategia en la obtención del dinero del FMI, con la idea de que es la forma de recuperar la confianza, es insistir en el error. Equivocarse es humano, decía San Agustín; pero también decía que perseverar en el error es diabólico. Lo trágico en la Argentina es que se está perseverando en el error sobre fondo de suba del dólar.
En los hechos, el FMI comete el mismo error que en Asia, en donde para restablecer la confianza del sector financiero se impusieron políticas de ajuste fiscal en medio de la recesión. El error que ahora comete el Gobierno argentino consiste en privilegiar la confianza del capital extranjero, que teóricamente vendría sólo si existen sucesivas y crecientes pruebas de amor.
En última instancia, lo que no se termina de entender es que todo lo que se hizo dentro de ese esquema fracasó. Se intentó todo para ganar la confianza de los mercados financieros: blindajes, aportes del Fondo, megacanje de mitad de año, megacanje de fines de noviembre, las artes de Domingo Cavallo (el presunto economista de avanzada), déficit cero (donde se ponía a los inversores por delante de toda otra prioridad presupuestaria), la ley de intangibilidad de los depósitos...
¿No habrá llegado acaso el momento de cambiar? Cada vez parece más claro que no es por la vía del capital extranjero y merced a la confianza de los inversores que Argentina vamos a recuperar el crecimiento.
Tampoco hay que desesperar tanto: los capitales y los inversionistas extranjeros no son rencorosos. Lo que buscan es ganar dinero. Si Argentina hace las cosas al revés y avanza sobre la base del potencial de crecimiento interno, integrada dentro del Mercosur, también volverá la confianza.