Los tiempos de crisis son difíciles, pero si agregamos a la mediocridad, resultan insoportables. Cuando asume los rasgos de un mal generalizado, en todos los órdenes y de características culturales, es difícil pensar algo que no esté teñido por la crisis y que no sea mediocre.
Así es el espectáculo de la coparticipación, donde todos tratan de arrancar el mordisco más grande. Y como son mediocres, no se les ocurre nada más que pelearse por los restos.
La coparticipación, o el problema de los ingresos que utilizarán la Nación y las provincias, es mucho más profundo que las reuniones, contra reuniones y declaraciones a las que asistimos durante la semana. Es un problema que atañe a la democracia y a la justicia. Para que el federalismo no sea una ficción, debe tener dinero para funcionar.
El asunto es determinar montos y asignaciones. Hay dos formas gruesas: o se reparte lo poco que hay del modo que suscite las quejas menos notorias (de paso, no se molesta a los que más tienen), o se aumentan los fondos a repartir. En épocas de crisis y de mediocridad, todos se resignan a pelear por algún punto porcentual más dentro de lo mismo. Y si lo obtienen, se quedan contentos. No se les ocurre que estamos en presencia de un festival de ganancias que pasa delante de sus narices: no se dan cuenta o no quieren enterarse, porque eso también puede ser negocio.
En efecto, las arcas del Estado podrían haberse llenado con sólo compartir las ganancias de la devaluación. La discusión sobre déficit fiscal y coparticipación hubiera sido muy diferente si se cobraba un impuesto a las rentas privadas emergentes de la devaluación y de la pesificación.
Por una parte, si se aplicara un impuesto del 50% a los ingresos que capten los exportadores por un tipo de cambio superior a 1,40 pesos y si el tipo de cambio fuera de 2 pesos por dólar, se recaudarían 9.300 millones de pesos.
Con respecto a la pesificación, a fines del 2001 sólo los 50 mayores deudores del sistema financiero argentino debían 7.000 millones de dólares. Con la pesificación de sus deudas, si la cotización del dólar fuera de 2 pesos, han reducido su deuda a la mitad. Con un impuesto del 50% a los beneficios rentísticos de sólo 50 empresas, se hubieran recaudado 1.750 millones de pesos. Y la suma aumentaría sustancialmente si se consideran todos los deudores de más de 1 millón de dólares.