La dirigencia argentina acaso haya heredado de la economía la sensación que se podía "vivir de arriba", como la economía de la convertibilidad vivía del endeudamiento. Cualquier reclamo social se cifra(ba) en otorgamiento de planes trabajar, cualquier diseño de política económica esta(ba) a cargo de los "técnicos" del Fondo Monetario Internacional.
El modelo de renta financiera creó a su imagen y semejanza un modelo de renta política con feudalización del Estado y corrupción generalizada.
De allí la necesidad para los políticos en hacer política, que no se cifra en profuso clientelismo, sino que se expresa en el reclamo por la política (no por los políticos) que se escucha entre las cacerolas.
El Presidente gusta recordar la frase de Jaguaribe sobre la condena argentina al éxito. Eso implica que los políticos hagan su trabajo. De allí la necesidad de tomar la decisión clave para la economía: quién se favorecerá, quién se perjudicara, en qué condiciones se efectuará la acumulación de capital.
Del inicio del mandato actual, allá por el lejano principio del año a la fecha, parece haber transcurrido un imperdonable tiempo muerto. Porque la salida de la convertibilidad, la devaluación con compensación, por ejemplo, sólo tienen sentido si se establece con rapidez un nuevo patrón de acumulación capitalista, cuya inmediata medida es cambiar la distribución del ingreso para conseguir demanda efectiva.
De lo contrario, los actores desplazados, como bancos o grandes empresarios, aprovecharán las ocasiones que se presentan, usarán al poder formal de turno para cargar con las iras populares, y luego establecerán una figura institucional a la cabeza del Estado no tanto afín, sino propia.
De las múltiples presiones que sufrió (que aceptó sufrir) el Gobierno, ninguna tan fatal como la pesificación de las deudas mayores a 500.000 dólares. En la anterior columna se alertó que más allá de ese nivel es razonable pensar que esos agentes tienen activos en dólares en el exterior, y que sólo buscan un seguro de cambio por parte del Estado. Así lo consiguieron durante el Proceso gracias a Domingo Cavallo.
Resalta el cinismo de los grandes grupos financieros e industriales cuando se rasgan las vestiduras por una "ruinosa" pesificación a 1.20, y llevan el desparpajo a llorar por el aumento de 20% de sus deudas, ya pesificadas. En dólares, que es la moneda en la que atesoran en el extranjero, se les ha rebajado por lo menos un 50%.
Eso se llama "licuar la deuda", o transferir sus costos al resto de la sociedad. De continuar ese camino, y más allá del suicidio político que representa tal acción, sería interesante averiguar cómo y con qué se piensa pagar esa nacionalización de las deudas. ¿Con crédito externo quizá? ¿Con déficit cero?