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Buenos Aires, 23 de enero de 2002 - 21:00 hs. Última actualización 16:05
Opina Eric Calcagno Panorama económico: El Presidente en su laberinto Deliberaciones en la plaza pública que inician cacerolazos, escraches a políticos o manifestaciones frente a bancos... La Argentina y su economía se encuentran en el tembladeral. El trabajoso resurgimiento de una economía o la repetición del sistema de renta se encuentran hoy en manos del Gobierno. ¿Por cuánto tiempo?
La devaluación del peso frente al dólar no hizo más que sincerar la gravedad de una de las crisis económicas más anunciadas de la historia argentina. El "default soberano más grande del mundo", como se llamó al grotesco final de la convertibilidad, ni siquiera provocó contagios o quiebras en cadena. Agentes internacionales (y nacionales), países y comentadores se limitaron a constatar lo previsible.Cuando una economía vive del endeudamiento y ese flujo se corta, la economía se cae. El mayor defecto del modelo económico fue la destrucción del desarrollo basado en mercado interno y la industrialización y la incapacidad para reemplazarlo por algún modelo razonable. Es ocioso buscar víctimas y victimarios de los ciclos "plata dulce-recesión-crisis" 76-89 y 91-02. Simplemente no funcionaron.
En ese contexto, la ley de emergencia económica que está aplicando el Gobierno de Eduardo Duhalde tiene la virtud básica de devolver al Estado algunas funciones clásicas, como la emisión de moneda, la recuperación de la política cambiaria, la desdolarización de las tarifas de servicios públicos y de las operaciones del sistema financiero y la decisión de plantear una nueva perspectiva para el problema de la deuda externa. El asunto es que la virtud tiene en sí misma su propia recompensa. Queda por determinar el rumbo económico.
Existen tres grandes opciones. La primera, que favorece los intereses del establishment de renta en la Argentina, tiene a los banqueros privados como comité político permanente. Representan al sector social protagonista de las grandes catástrofes político-económicas, como el golpe de estado de 1976, el golpe de mercado de 1989 y la política de convertibilidad desde 1991. Cuanto más tiempo pase el Gobierno sin definiciones, más chances de imponerse tendrán las soluciones que propone o privilegia el establishment financiero. Desde el aguantadero del corralito, que impide la quiebra en masa de todo el sistema financiero, pueden aprovechar la pesificación de la economía, manejar a su antojo la cotización del dólar, crear las condiciones para una hiperinflación e imponer sus políticas desde el caos que impere.
El objetivo de este sector es completar la concentración y extranjerización de la banca, eliminar cualquier brote de veleidad política de cambio, utilizar las reservas que quedan para dolarizar la economía y cobrar rentas económicas, naturales, utilidades y pagos de deuda en moneda fuerte.
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