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Buenos Aires, 3 de marzo de 2003 - 17:07 hs. Última actualización 15:16
El análisis de Oscar Cardoso Los desafíos de la Argentina no son sólo domésticos La complejidad de la crisis que afecta al país va más allá de sus fronteras. A la pelea jurídico-política por una eventual redolarización, a la guerra entre los candidatos presidenciales, se suma la eventual guerra en Irak y la posibilidad que EE.UU. aumente su intervención en América latina.
Los dilemas de la Argentina no parecen sino aumentar: La redolarización que puede, esta misma semana, decidir la Corte Suprema de Justicia devolviendo así a la Argentina a la orilla de una crisis económica terminal. (Aclaración: Esta nota de opinión fue escrita antes del fallo redoralizador de la Corte Suprema)Las angustias del antimenemismo por el crecimiento del ex presidente en las más recientes encuestas electorales. Los temores del menemismo porque cierto caos que anhela (el pronunciamiento de la Corte) podría terminar siendo un disparo político por la culata si se produce.La idea de que cada votante argentino deberá, en unos cincuenta días más o menos, descifrar su elección entre trece candidatos presidenciales.
Cualquier podría creer que la cuota de dificultades argentina está cubierta con ellos, pero no es así. En verdad, los problemas en el horizonte son tantos y de naturaleza tan compleja que la imagen más apta para representarlos sea, quizá y por trivial que pueda parecer, la de una cebolla.
Como con el vegetal, cada uno de esos problemas es apenas una capa del destino presente del país y cada vez que se remueve una, otra se hace visible de modo inmediato.
Hay algo en el momento histórico que sugiere, de modo muy intenso, que los argentinos no debieran dejar atrapada su atención en los conflictos más acuciantes que enfrentan -la crisis económica, el agotamiento de la política, la indigencia que corroe su sociedad, entre otros- porque la inteligencia que la hora le está demandando deberá ser mucho más amplia en su alcance; deberá abarcar también una comprensión del peculiar momento mundial.
Obviamente la crisis del Golfo Pérsico -lo que parece ser el comienzo de la segunda guerra en algo más de una década en esa región del planeta- es la cuestión que primero salta a la vista.
Con esta dimensión existen dificultades en la percepción de la sociedad que son explicables: las demandas de la realidad argentina son tan intensas que cuesta concentrar la atención en un conflicto tan lejano y, aparentemente, tan ajeno.
Y, además, el gobierno de Eduardo Duhalde introdujo ya cierta cuota de sensatez y calma adoptando una política por la que el país no se involucrará militarmente, ni siquiera de modo simbólico, en la guerra hasta que esta concluya, si es que estalla.
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