Buenos Aires, 26 de septiembre de 2001 - 08:22 hs. Última actualización 08:51
Eric Calcagno en Terra Panorama económico: "Las finanzas en la guerra" Las acciones de Estados Unidos y Europa para paliar los efectos que una eventual guerra provoque a la economía mundial no parecen suficientes. En EE.UU. no se preguntan si habrá recesión o no, sino cuál será su magnitud y duración. Los efectos que ese fenómeno tenga sobre la Argentina no serán positivos.
En el desarrollo de la nueva guerra, uno de los frentes tan importantes como poco conocidos es el frente financiero. Allí también las noticias pueden sufrir las mismas condicionantes que en los campos de batalla habituales. Pero junto con el estrictamente militar y el diplomático tradicional, "el nervio de la guerra" adopta dimensiones significativas.
En el contexto internacional, la reapertura de Wall Street no produjo el crack tan temido en las principales plazas mundiales, aunque las bajas fueron significativas, en especial en los sectores ligados de manera más directa a esta fase del conflicto: de Pratt & Whitney con -36% hasta Boeing con -30%.
En Europa, algunos operadores hablan de "crack disimulado" al considerar las bajas en los meses que anteceden al día 11 de septiembre último: al temor de recesión se agrega la perspectiva de la respuesta militar inminente de Estados Unidos.
Aunque en el plazo de dos o tres años las bolsas de estos países recuperan lo perdido en momentos de crisis, como sucedió durante la llamada Guerra del golfo, el enfriamiento de la economía aporta una mayor dosis de incertidumbre que puede influenciar de manera negativa la realidad del día a día.
El titular de la Reserva Federal de Estados Unidos, Alan Greenspan, vaticinó que los atentados tendrían "un impacto significativo en el corto plazo", en materia de consumo en Estados Unidos; Europa aparece menos golpeada, pero casi tan cauta: "si hay un freno al crecimiento, será de corta duración", afirma el boletín del Banco Central Europeo.
Frente a esa realidad, los instrumentos de intervención del Estado juegan a pleno. Como era previsible, la Reserva Federal y el Banco Central Europeo inyectaron gran cantidad de liquidez para sustentar al sistema bancario (el aporte de la Fed suma 300.000 millones desde el día 11).
Al mismo tiempo, articulan una importante baja en las tasas de interés, esta vez acompañadas por los Bancos Centrales de los principales países desarrollados. Esta determinación se acompaña con el compromiso de la OPEP en evitar un alza desmedida del precio del petróleo.
Estas acciones conjuntas, cooperativas y casi espontáneas de los decisores políticos en materia monetaria y energética no levantan, sin embargo, todas las dudas que pesan sobre la salud de la economía, menos en tiempos de guerra.
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