Fue la primera Iglesia Episcopal de Nueva York, fundada con dineros que otorgara el Rey Guillermo III en 1697 y ayuda extra de William Kidd, un pirata que fue ajusticiado con la horca en Londres en 1701. La iglesia cambió varias veces de estilo arquitectónico, pero el último pertenece al diseño de Richard Upjohn y es de 1846. La iglesia está rodeada por un jardín protegido por una reja. En él hay pequeños árboles sobre una enorme cantidad de lápidas ennegrecidas por el tiempo y enanizadas en contraste con las moles de aluminio, cemento y cristal que se alzan a su alrededor, en pleno Wall Street.
A la derecha de la iglesia se encuentran las tumbas de Robert Fulton (el inventor de la máquina a vapor), el editor William Bradford, y de varios personajes influyentes en la historia americana, entre ellos Francis Smith, representante de Nueva York en la firma de la Declaración de la Independencia de los Estados Unidos. Este terreno, que vale decenas de billones de dólares dada su ubicación estratégica, seguirá siendo el lugar favorito para el almuerzo tranquilo de los ejecutivos, yuppies, yetties y brokers de Bolsa que se acercan a hacer un pic-nic en el cementerio con una bolsa de papel marrón, su sandwich de atún y su Coca Diet.
Cementerio de Martín García: misterios en la isla
Esta pequeña isla del Río de la Plata guarda muchos misterios fascinantes: tiene una enorme plaza de toros que casi nunca fue usada, una reserva natural, un viejo teatro abandonado, una panadería especializada en los mejores pan dulces del país, y uno de los cementerios más raros de la Argentina.
En el mismo se ven cruces ladeadas entre los yuyos y flores silvestres. Demasiadas, para la pequeña población que siempre albergó la isla. Lo curioso es que, nadie sabe por qué, el brazo transversal de todas las cruces está inclinado en diagonal, de manera muy diferente a la tradicional cruz cristiana. Algunos dicen que esto es una señal extra de duelo por la cantidad enorme de víctimas que perecieron al mismo tiempo en una epidemia de fiebre amarilla. Pero, en realidad, éste es uno más de los misterios de la pequeña isla del Plata.
Ana von Rebeur/ASATEJ