Son las horas de vuelo las que terminan por construir la identidad de un equipo (emociona el abrazo de todos en el primer gol). Es por este motivo que diseñamos con el profesor Salorio, en todo el último tiempo, juegos para terminar de integrarlos.
La cohesión del equipo no proviene tan sólo de la integración de las fuerzas técnicas y físicas. Depende también del equilibrio de las corrientes afectivas que acercan o distancian a los futbolistas, entre sí y con ellos mismos.
¿Conviene ver a los familiares? ¿Todas las familias son positivas?
Sirve hacer de cuenta que estamos en otro país? Este tema lo evaluamos mucho y es cierto que hay familias positivas y otras no tanto (nos pasa a menudo).
Pero llegamos a la conclusión entre todos de que después del primer
partido y ya con una semana de concentración total, era bueno que, en
el Día del Padre, los familiares pudieran visitarlos en el predio, para
que los chicos pudieran oxigenar el corazón y la mente y cargar pilas
después de una agotadora jornada, en este duro y sinuoso camino
iniciado.
La gente brindó su apoyo en el estadio, desafiando al frío, y luego los
familiares y las novias (muchos del interior) continuaron en Ezeiza con
ese apoyo. Como siempre dice José: "Los buenos equipos cuidan todos los detalles".
Estamos en esa senda.
Marcelo Roffé