Buenos Aires, 29 de mayo de 2004 - 14:47 hs. Última actualización 18:40
Nuevo libro Wilcock, un Kafka rabioso El templo etrusco es una novela de un humor feroz, sádica y crítica, pero de un lenguaje simple y con fuertes lazos con la herencia de Kafka. Una mirada ácida sobre los valores burgueses, la burocracia y la insensata maquinaria de la civilización.
Burocracia, absurdo, y un agrio sentido del humor se encuentran en El templo etrusco, la novela de Juan Rodolfo Wilcock publicada recientemente por Sudamericana. Originalmente escrita en italiano, y editada en 1973, El templo etrusco se sumó a los títulos de la Biblioteca Wilcock, en la que se encuentran los notables libros de relatos breves El estereoscopio de los solitarios y Hechos inquietantes.
Amigo de Borges y de Bioy Casares, Wilcock se instaló en Roma en 1958 y murió en Italia 20 años después. Fue uno de los privilegiados escritores que (como Joseph Conrad o Vladimir Nabokov) se volcaron a producir literatura en un idioma aprendido. Lo mejor de su obra fue escrito en italiano, y aunque conservó algunos rasgos de Borges, su escritura se puede situar más claramente bajo el influjo de Franz Kafka. El templo etrusco recupera esa tradición, pero en esta novela, el absurdo no se detiene en la tragedia, y avanza hacia el humor.
En una ciudad de provincia, el Concejo Municipal decide construir un templo etrusco. Para eso, encargan a un joven y recto empleado que coordine los esfuerzos estatales, y disponga de los materiales para levantar el templo en el centro de una plaza.
La llegada de sus tres ayudantes (tres africanos que concentran toda la fuerza irracional de la vida, y que sólo buscan divertirse) y los varios problemas a los que se enfrenta el joven e inexperto director del proyecto son el punto de partida para una serie de grandes catástrofes. Una vez ocurridos los accidentes (perdidas materiales, pero también muertes) se ingresa en el desconcierto: los personajes naturalizan miserias y amplifican valores y deseos.
Pero la moral no entorpece la historia de Wilcock. Más bien, el texto se dedica a reinventar y luego desechar unos cuantos principios morales, con las decisiones gubernamentales y la vida en sociedad como telón de fondo. Si a veces el relato cae en ciertas obviedades, la ingobernable imaginación de Wilcock y la virulencia con se que se lanza hacia el episodio siguiente hacen que la novela crezca hacia el absurdo.
Construida como una historia por entregas, El templo etrusco quizá no cautiva tanto como los relatos cortos de El estereoscopio de los solitarios, en los que el autor actualiza y acidifica la fantasía mitológica. Pero es una novela imprescindible para conocer la escritura de Wilcock: sin estructuras gramaticales complejas pero capaz de crear situaciones e imágenes de una ferocidad inigualable, en las que el humor y el sadismo revelan nuevas posibilidades políticas para la ficción. Por Leadro Fernández MiróEl templo etrusco
Editorial Sudamericana
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