Buenos Aires, 12 de diciembre de 2002 - 19:01 hs. Última actualización 14:42
Opina Julio Nudler Por ahora, el crédito no llega
El cuadro presente tiene su gran cuota de absurdo. Con un superávit comercial cercano a unos 1.400 millones de dólares mensuales, buena parte de ese excedente, liquidado por los exportadores, es convertido por el Banco Central y el resto del sistema bancario en pesos.
Pocos de esos pesos vuelven al dólar. Primero, porque el control de cambios limita severamente la fuga mediante mecanismos varios. Segundo, porque entre el público cedió la fiebre del dólar al verlo quieto desde hace medio año. Tercero, porque una colocación bancaria en el exterior rinde hoy un interés virtualmente nulo.
De esta manera, hay mes a mes una expansión monetaria (aumento de la masa de pesos) que en gran medida fluye a los bancos y les provee de una creciente liquidez. Se supone, entonces, que esto debería permitir un auge del crédito, bajando tasas y alargando plazos.
Para algunos sectores, como la construcción y las industrias de bienes durables -de automóviles a electrodomésticos-, la oferta de financiación permitiría aumentar sus ínfimas ventas actuales. Sin embargo, el crédito por ahora no llega, o llega en condiciones demasiado pesadas para que el consumidor pueda asumirlas.
Es obvio que la acumulación de liquidez en la banca no puede continuar indefinidamente sin hallar salida en el crédito, aunque muchos bancos se cubren de ese modo frente al vencimiento de los Cedros (certificados por los viejos plazos fijos), que comenzará a operarse el año próximo.
No menos obvio es que la drástica merma en el poder de compra del salario, tres veces mayor que la caída del PBI en este año, el aumento del desempleo y la mayor informalidad (y ennegrecimiento) de la economía han reducido notablemente el número de los posibles destinatarios del crédito. Con las empresas ocurre otro tanto.Hace falta por ende algo más que crédito para movilizar los recursos y recomponer el mercado interno. El salario real y el gasto público (incluida la inversión), en niveles históricos mínimos, contribuyen a retardar la reactivación y a prolongar el indecible sufrimiento que provoca la crisis.
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Terra
/ Julio Nudler.
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