Buenos Aires, 18 de marzo de 2002 - 22:56 hs. Última actualización 14:26
Opina Naomi Klein "El FMI debería indemnizar a la Argentina" La autora del libro No Logo, bautizado como la "biblia de los globalifóbicos", analiza la situación social y económica de la Argentina. Y advierte sobre los peligros de aceptar condiciones del organismo de crédito.
El martes 12 de marzo, en Buenos Aires, a unas pocas cuadras de donde el presidente Eduardo Duhalde negociaba con el Fondo Monetario Internacional, un grupo de personas negociaba algo muy distinto. Estaban tratando de salvar su hogar.
Para protegerse de una orden de desalojo, los residentes de Ayacuho 335, que incluían a 19 chicos, armaron una barricada y se rehusaron a salir. En el frente de la casa colgaba un cartel hecho a mano que decía: "Al diablo con el FMI".
¿Qué tiene que ver el FMI, que llegó para imponer condiciones para liberar 9.000 millones de dólares prometidos de antemano, con los habitantes de Ayacucho 335? Bueno, en un país donde la mitad de la población vive ahora bajo la línea de pobreza es difícil encontrar un sector cuyo futuro no dependa de alguna manera de las decisiones del prestamista internacional.
Por ejemplo, docentes, bibliotecarios y otros empleados públicos, que cobran en bonos provinciales que apenas son pagares estatales, dejarán de cobrar si las provincias aceptan no imprimir más bonos, como pide el FMI.
Y si se recorta aún más el sector público, como también insiste el Fondo, los desempleados, que son entre el 20 y el 30 por ciento de la población, tendrán todavía menos protección ante la falta de techo y el hambre que llevó a miles a atacar supermercados exigiendo comida.
Y si no se encuentra una solución a la emergencia sanitaria declarada esta semana, la señora mayor que conocí en estos días en un suburbio porteño ciertamente se verá afectada. En un gesto de vergüenza y desesperación, la señora se subió la blusa y mostró a un grupo de extranjeros la operación de estómago, todavía abierta y con tubos colgando, que su médico no pudo suturar adecuadamente por la falta de insumos en el hospital.
Puede parecer descortés hablar de estos asuntos en el contexto de una vista del FMI. El análisis económico supuestamente se concentra en la convertibilidad, en la pesificación, en el peligro de estaflación, no en las familias que pierden su casa, en heridas abiertas. Pero, leyendo los consejos imprudentes que la comunidad internacional de negocios le lanza al FMI y a Argentina, tal vez haga falta un poco de personalización.
Por semanas, Argentina recibió retos como si fuera una niña pequeña que no va a tener postre si no se come toda la comida. Pese al compromiso de cortar en un 60 por ciento los déficit provinciales, Argentina aparentemente no hace lo suficiente para "merecer" un préstamo.
"Las noticias son superficiales", gruñe un economista del Credit Suisse First Boston. El presidente Duhalde advierte que la ya desesperada población argentina no aguanta más recortes... y el National Post lo acusa de "dar vueltas".
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