El justicialismo emergió de estas elecciones legislativas como un claro ganador y pasará a dominar las dos cámaras del Congreso a partir del 10 de diciembre. El triunfo de la oposición, además, revalidó las aspiraciones de los gobernadores presidenciables, acelerando los reacomodamientos en el tablero peronista.
De acuerdo con los resultados parciales, el peronismo obtenía la victoria en al menos 18 de los 24 distritos electorales en que está dividida políticamente la Argentina.
El PJ triunfó en las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, Entre Ríos, Misiones, Santiago del Estero, Salta, Jujuy, La Pampa, San Luis, Formosa, La Pampa, Santa Cruz, La Rioja, Mendoza, San Juan, Corrientes, Tucumán.
Todos los asumidos como presidenciables del PJ revalidaron en las urnas su aspiración. Los gobernadores de Córdoba, José Manuel De la Sota, de la provincia de Buenos Aires Carlos Ruckauf, de Santa Fe, Carlos Reutemann, y de Santa Cruz, Nestor Kirchner, ganaron con amplitud en sus respectivos distritos como para no tener que ceder ante futuros adversarios.
Sin embargo, un no aspirante hasta ahora al 2003, Eduardo Duhalde, fue el que golpeó con más fuerza en la primera elección democrática argentina del siglo XXI -obtuvo una diferencia de casi 20 puntos por sobre su rival Raúl Alfonín- apoyado en el poderoso aparato del peronismo bonaerense.
El rotundo triunfo logrado por sí -no de manera indirecta como los presidenciables- parece haber dejado a Duhalde afianzado en la mesa chica de las decisiones del PJ y, por qué no, perfilado para la carrera hacia el 2003 por más que lo niegue públicamente.
Con la victoria en Buenos Aires, Duhalde demostró quién dirige el partido a nivel provincial, dejó en incómoda posición al gobernador Carlos Ruckauf y se colocó en condiciones de reclamar una renovación de las autoridades nacionales del PJ que hoy conduce Carlos Menem.
La elección de hoy, además marcó a fuego los últimos dos años del mandato de Fernando de la Rúa, cuya gestión deberá negociar con el PJ cada vez que necesite la aprobación de una ley del Congreso, que por primera vez en la historia será dominado por completo por la oposición al Poder Ejecutivo.