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Buenos Aires, 24 de febrero de 2007 - 15:26 hs.
Última actualización 15:58

Opina Néstor Restivo
América Latina, con agenda cargada de temas ambientales
La cuestión de las pasteras sobre el río Uruguay no es ajena a otros casos que asoman cada vez más en la agenda política latinoamericana: la explotación a gran escala de recursos naturales por parte de intereses muy poderosos. Aquí, la mirada de varios especialistas.

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El conflicto por Botnia no es el único.(Télam)
El conflicto de Argentina y Uruguay por las pasteras del río Uruguay y el de Ecuador y Colombia por las fumigaciones antidroga despertaron reacciones en defensa del medio ambiente.

En enero, indígenas Wayúu bloquearon la obra del gasoducto Transcaribeño entre Venezuela y Colombia. Y explotaciones mineras en Chile y Argentina, o megaproyectos de infraestructura en la Amazonía (Brasil) y en la selva Lacandona (México) levantaron protestas similares. La cuestión ambiental se metió de lleno en la agenda política latinoamericana.

"El conflicto por las pasteras se asocia a la llegada de fuertes intereses, en este caso Botnia y Ence. Y el tema entró a la agenda regional, lo que había empezado con los referendum populares contra grandes mineras con métodos agresivos en Esquel, Argentina, y Tambo, Perú", recordó a Terra el profesor Luis Sabini, de la Cátedra de Derechos Humanos y Ecología de la Facultad de Filosofía y Letras (UBA).

Fuera de las inversiones entre países ricos, el grueso de los capitales fluye a Europa del Este y, sobre todo, Asia. El colapso soviético y la nueva China le dieron al capitalismo un mercado gigante, que marca el rumbo a esas inversiones.

Pero Latinoamérica sigue atrayendo por sus recursos naturales: petróleo y gas, minerales, agua, bosques, tierras fértiles>. La llegada de multinacionales a explotarlos (algunas con ventas globales superiores a PBI nacionales, como Botnia respecto de Uruguay) es un vector, para algunos, de progreso, y para otros, de saqueo y "desarrollo" no sustentable, con impactos imprevisibles en el medio ambiente y el clima. Por lo tanto, fuente de conflictos.

Mientras en los países centrales los recursos naturales se agotan, la gran disponibilidad al Sur augura más tensión y conflictos vecinales por su disputa.

Según el profesor de la Facultad de Ciencias Económicas (UBA) José Salvador Cárcamo, "la región vive una etapa diferente a la tendencia de los últimos 40 años: desendeudamiento y superávit externo y fiscal que dan margen amplio de política económica. Hay mejores precios y volumen de las exportaciones, por demanda de Asia. Pero vendemos recursos naturales y commodities de poco valor agregado, lo que ahondó el neoliberalismo. La preocupación por el impacto ambiental no fue tema relevante para la inserción de la región a la economía global. Se prioriza el crecimiento pues las elites creen que ello supone más disponibilidad de recursos económicos y financieros".

Desde Chile, Orlando Caputo y Graciela Galarce (Universidad de Chile) dijeron a Terra: "El Tratado Minero Chileno-Argentino entrega los recursos de los Andes a grandes mineras mundiales. Mientras a nuestros países les convienen precios altos para sus materias primas, una mayor elaboración interna y mantener reservas, a los monopolios les conviene precios bajos para abaratar los costos de sus fábricas, no industrializar aquí para que el gran valor que agrega quede en la metrópoli, y llevarse la mayor cantidad de recursos". Esa es otra fuente de tensión que pueda provocar roces entre países.

La soja es otra caso. Por su demanda global, se denunciaron desmontes a niveles alarmantes. Un estudio del experto Guillaume Fontaine para Flacso Ecuador dice que, en los 15 años anteriores a la década pasada, ya la Amazonía perdió un territorio igual a Francia: más de 500 mil kilómetros cuadrados. Y eso no hizo sino crecer.

Ahora, la difusión de otro fenómeno, los biocombustibles (combustibles a base de cereales) amenaza con estirar más la frontera agropecuaria, critican ecologistas que reclaman, en cambio, soberanía alimentaria.

Cárcamo y Sabini recordaron por su parte los casos de megaexplotaciones mineras a cielo abierto, o de bosques, en las patagonias de Argentina y Chile, que levantaron ya fuertes protestas ambientalistas.

Y sin que países como EE.UU. o China escuchen mientras se siguen posicionando en las áreas mundiales de mayores recursos, varios científicos de renombre advirtieron hace poco, con gran difusión mediática, cómo a la par que las armas nucleares "actividades y tecnologías humanas están afectando los sistemas climáticos en formas que podrían cambiar para siempre la vida en la tierra", refiriéndose a explotación irracional de recursos.

Denuncias como estas politizaron el tema ambiental, generando reacciones de pueblos nativos y movimientos sociales que llevaron a la Cumbre de Río de Janeiro de 1992 y a posteriores foros de acción y debate.

La socióloga Ana Esther Ceceña (Clacso) opinó por su parte, desde México: "Desde que el mundo tomó conciencia del daño irreversible a la vida y su diversidad, por la forma de progreso capitalista acentuada en estos 50 años, el tema medioambiental es un gran terreno de disputa. El desarrollo industrial, al privilegiar las ganancias a cualquier otra consideración, y con su capacidad creciente de procesar la naturaleza, es responsable de amplias pérdidas de selvas y bosques, extinción de especies, degradación del aire y escaseamiento del agua dulce".

"En el norte de América –continuó-, lo que resta de selva tropical húmeda está al sur de México, con los mayores niveles de diversidad y densidad genética en Chiapas, Oaxaca y sobre todo la Selva Lacandona, punto nodal del corredor biológico mesoamericano y de atracción de todo tipo de organizaciones y empresas ligadas al aprovechamiento productivo de recursos genéticos. El interés por apropiárselos fue un detonador del alzamiento zapatista (que sigue sin resolverse) y motivo de frecuentes disputas entre pobladores originarios, investigadores, empresas y conservacionistas".

Terra / Néstor Restivo.


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