Buenos Aires, 23 de noviembre de 2004 - 12:48 hs. Última actualización 13:02
Opina Julio Nudler El tobogán del dólar El autor se refiere a la realidad económica de Estados Unidos tras la reelección de George W. Bush. A los argentinos frente al dólar. Y al acuerdo del Gobierno con China. Se pregunta que llevo a la Casa Rosada a cambiar políticas frente a los productos orientales. Y en contrapartida de qué.
En el 2007, la deuda externa neta de Estados Unidos equivaldrá a un 40 por ciento de su Producto Interno, con lo cual estará en una situación comparable a la de la Argentina en 2001. Para que caiga en una crisis de deuda similar sólo faltaría que los mercados de capitales le diesen la espalda, perspectiva quizás utópica pero que tras la reelección del presidente George W. Bush no es del todo descartable.
De hecho, tras la derrota demócrata el dólar cayó significativamente frente al euro y el yen. La idea es que Bush no va a contener el desbordado déficit fiscal que él mismo generó. Esto inyectará demanda extra en la economía y seguirá expandiendo el déficit externo, debilitando ulteriormente al dólar. Claro que este debilitamiento tenderá a reparar el desequilibrio exterior, exportando recesión al resto del mundo.
La carrera electoral había inducido al gobierno republicano a postergar un trámite ineludible: pedirle al Congreso autorización para elevar en 800 mil millones de dólares el techo de endeudamiento del Estado federal. Con ese incremento, el tope permitido desborda los u$s 8 billones (más de 80 veces la deuda que renegocia la Argentina para salir del default, y respecto de la cual Washington incide políticamente de modo directo o a través del FMI, como si tuviera lecciones que impartir).
Lo obvio es que el gobierno norteamericano está viviendo mucho más allá de sus medios, y que con ello alimenta una falsa (y aun así relativa) bonanza en la economía, al tiempo que corroe el crecimiento de largo plazo, acumula una gigantesca hipoteca hacia futuro y vulnerabiliza al sistema al tornarlo cada vez más dependiente de los inversores externos y de la política financiera y cambiaria de otros gobiernos (como ocurre hoy respecto de China y de otros asiáticos).
Durante su primera presidencia, Bush debió reclamar que le elevasen el tope de endeudamiento en 2 billones de dólares. El último aumento, que fue de 1 billón, se lo devoró en menos de año y medio. Y pensar que en 1980 toda la deuda federal no llegaba precisamente a un billón. Un dato muy interesante es que el 90 por ciento de la deuda nueva emitida por el Tesoro norteamericano es adquirido por extranjeros.
Pero esto es lógico porque los estadounidenses ahorran muy poco: en lugar de invertir en títulos, prefieren endeudarse para sostener su tren de consumo, inclinación que la Reserva Federal ha favorecido con una política de dinero muy barato (tasas de interés en mínimos históricos) para estimular su economía.
Claro que un país donde tanto el sector público como el privado desahorran engendra crecientes desequilibrios. En 2003 la factura por intereses de la deuda pública fue de u$s 153 mil millones. En 2010 será de 320 mil millones, y paulatinamente los servicios financieros absorberán el 10 por ciento del gasto federal, quitándole dinero (como ya está ocurriendo) al gasto social, ello en el país desarrollado de menor equidad distributiva.Los argentinos, China y los importados
Los argentinos mejor situados, con su apelación al dólar como moneda refugio, son acreedores de Estados Unidos por montos vinculados con la fuga de capitales, en la medida que aún no aparece como muy importante- de que no hayan virado hacia activos denominados en euros u otras monedas fuertes. Lo que esos argentinos saben hoy es que han sufrido una quita del 32 por ciento desde 2002, en términos del euro, y que, en principio, la victoria de George W no ha sido la mejor noticia que pudieron recibir.
China ha venido convalidando la política expansiva de Washington al absorber grandes sumas de dólares y activos dolarizados. Pero lo ha hecho al mismo tiempo como una manera de conjurar las presiones hacia una apreciación de su propia moneda, el yuan, para no resignar ventaja competitiva. Y ahora comenzó a tender lazos comerciales con países como la Argentina, proveedores de materias primas e insumos, contando con que su ventaja competitiva la protegerá de cualquier daño. Esa seguridad no existe, por supuesto, para los otros.
Ante un mundo tan amenazador e imprevisible, la Argentina está proponiéndole a sus acreedores defolteados un arreglo a muy largo plazo, con pagos muy postergados en el tiempo. El riesgo involucrado en la propuesta es casi imposible de medir, y genera por tanto fuertes resistencias: los bonistas deben aceptar la quita, pero no pueden calibrar a cambio de qué.
Es algo si se quiere similar al audaz acuerdo firmado con China: la Argentina entregó algo palpable, como es considerar a la China como una economía de mercado, con una formación genuina de los precios, pese a la presunta falsedad de esta premisa.
En todo caso, la Argentina ha venido bloqueando hasta ayer mismo importaciones chinas con el argumento de que los precios eran arbitrarios. ¿Qué estudio ha determinado lo contrario? A cambio, los orientales ofrecieron comercialmente poco concreto y diversas intenciones algo vagas de inversión.
Terra
/ Julio Nudler.
|  |
Noticias
relacionadas |

|