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Buenos Aires, 4 de diciembre de 2005 - 02:52 hs.
Última actualización 12:36
Dream Theater en la Argentina
Una noche Obras fue el teatro de los sueños
La banda neoyorkina, que cuenta con cerca de veinte años de carrera, visitó por primera vez el país. Los íconos del metal progresivo brindaron un concierto que durante más de dos horas y media recordó viejos temas y presentó Octavarium, su última placa. Video.

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Los neoyorkinos tocaron casi tres horas el sábado.

Allí estaban los cinco miembros de Dream Theater. Saludando en el medio del escenario montado al aire libre en Obras Sanitarias. James LaBrie (voz), John Petrucci (guitarra), John Myung (bajo), Jordan Rudess (teclados) y Mike Portnoy (batería) habían ejecutado una descarga emocional y eléctrica para saciar una espera que en algunos fanáticos duró más de 15 años por verlos así, en vivo y en directo en Buenos Aires.

El deseo contenido durante una década y un lustro encontró significado en las casi tres horas de concierto. La banda de metal progresivo nunca había bajado hasta la Argentina, donde se convirtió en banda de culto en los 90 y alcanzó su pico de efervescencia en 1999 con su inigualable Scenes from a memory.

El recital tenía como objetivo principal presentar el Octavarium, la última placa del grupo. Sin embargo, fue en los temas clásicos donde la prestación de los DT desbordó en picos de emotividad y entonación de himnos.

La apertura fue con The root of all evil y Panic Attack, de la última producción, pero enseguida pasaron a Fortune in lies, canción de When dream and day unite, la opera prima de Dream Theater.

Desde el comienzo, los estadounidenses mostraron que han logrado aceitar perfectamente la maquinaria a casi veinte años de su fundación, en la prestigiosa academia de Berklee, en Boston.

El gran motor de la banda fue Portnoy. El baterista, de anteojos negros y vestido con camiseta de los New York Knicks, el equipo de básquet de su ciudad, mostró la potencia de un pivote en la zona pintada. Detrás de su instrumento, que tiene más elementos que serpientes Medusa en su cabeza, se ocupó de animar a la multitud señalando con sus palillos y hasta parándose durante la mayoría de los temas. Curioso rol de pseudo-frontman para el hombre de los tambores y redoblantes (sí, en plural, tiene dos).

Para el cuarto tema, LaBrie anunció que llegaría algo de Awake, la producción más oscura del grupo. Caught in a web fue la primera ocasión en que la audiencia empezó a ponerle coros a las canciones. Lo que se potenció aún más con Peruvian skies, pieza en la que se permitieron jugar con unos compases de Wish you were here de Pink Floyd en el medio, y con Wherever I may roam, de Metallica, síntesis perfecta de las raíces musicales de los DT.

Vino el enganche, sin solución de continuidad, con Strange deja vu y luego atacaron con Solitary Shell, About to crash (Reprise) y Losing Time/Grand Finale, los tres de Six degrees of inner turbulence, placa doble editada en 2002. Al finalizar, llegó un intervalo de quince minutos, que sirvió para escuchar voces de admiración entre los asistentes al comprobar in situ que los sonidos que Petrucci impulsa desde los discos también se pueden apreciar en vivo. La ligereza con la que los dedos del guitarrista transitan el diapasón es propia de Flash, el súper héroe que corre más rápido que la velocidad de la luz.

También sorprendió la corrección vocal de LaBrie, quien en los trabajos editados en vivo no lucía con la eficiencia que sostuvo en la noche de Obras.

Vueltos a escena, los Dream Theater encararon nuevamente hacia sus últimas creaciones. Primero con As I am y Endless sacrifice, de Train of tought, penúltimo disco de la banda, y luego con I walk beside you, Sacrificed sons y Octavarium. Y volvieron a retirarse.

Momento de bises y reaparecen en escena Rudess y Petrucci para amagar con los acordes iniciales de Trough her eyes. Allí volvieron todos y retomaron con Spirit carries on, en lo que fue el gran momento del concierto, con el público coreando el estribillo que habla de la reencarnación mientras transformaba a la noche en un recuerdo eterno.

Finalmente la despedida fue con Learning to live, de Images and words, trabajo de los albores de la banda que convirtió a Obras en un teatro de los sueños… cumplidos.


Terra



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