Buenos Aires, 6 de enero de 2003 - 13:27 hs. Última actualización 00:42
Entrevista Juan José Millás: Hablando de literatura Entre el periodismo y la literatura, conduce un exitoso programa de radio desde el que arenga a sus oyentes para que escriban historias. Juan José Millás es uno de los escritores españoles más populares. De paso por Buenos Aires presentó Dos mujeres en Praga, su última novela.
¿Cómo surge la idea de Dos mujeres en Praga?Juan José Millás En el arranque de esta novela aparece un dato constatable, real. Un anuncio que leí en un periódico de Barcelona en el que una especie de agencia de escritores se ofrecía para escribir biografías por encargo. Me llamó mucho la atención, y lo más curioso es que el anuncio estaba bien justificado, decía que era el mejor regalo que se le puede hacer a los hijos o nietos. Y no deja de tener algo de cierto. Porque quienes hemos perdido a nuestros padres sabemos que cuando se han ido nos queda la impresión de que no nos han contado todo. Es más, que no nos contaron lo más importante de sus vidas. Por eso, cuando hacemos ese ritual trágico y al mismo tiempo cotidiano que es ir a vaciar la casa de nuestros padres cuando mueren, miramos objetos a los que no habíamos prestado hasta entonces atención de un modo especial. Esos objetos pasan a tener un significado, o por lo menos nosotros se lo asignamos, mientras buscamos algo que nos diga aquello que nuestros padres se marcharon sin decir. A partir de ver este anuncio en el diario fue creciendo la idea de una novela, y en un momento determinado imaginé el punto de partida de una historia. Ese punto era precisamente un taller literario en el que además de dar clases de escritura creativa tenían como negocio paralelo la creación de biografías por encargo. Imaginé que una mujer de mediana edad, misteriosa, llegaba a ese taller y solicitaba que le escribieran su biografía. El caso le era asignado a un escritor joven, poseedor de una novela de cierto éxito, pero que atravesaba un período de sequía. Me gustaba la idea de confrontar a estos dos personajes, ya que cada uno tenía lo que al otro le faltaba. La mujer no sabía escribir pero tenía una historia, el chico sabía escribir pero no tenía nada que contar. Ella pone la vida, él pone el oficio. Así nace la novela
Una novela que juega todo el tiempo entre la realidad y la ficción
Es que la ficción no tiene que ver con la mentira en sentido estricto. El término mentira está connotado de manera peyorativa: siempre se miente para engañar. La mujer que pide su biografía no miente. Es verdad que dice cosas que no se pueden constatar, pero interiormente son verdades. Es una novela escrita entre la realidad y la ficción, entre lo verdadero y lo falso. Y en esa frontera uno se hace continuamente la pregunta de si es verdad lo que habitualmente tomamos por verdad. Por otro lado, es una frontera en la que he trabajado con frecuencia y en la que tuve experiencias bastante singulares: muchas veces aquello que consideramos falso es más verdadero que lo real mismo. Hace algunos años, mientras escribía El desorden de tu nombre, llamaron a mi puerta. Era una chica joven que estaba haciendo una encuesta sobre hábitos de consumo. Empezó a hacerme una serie de preguntas y, ese acto, que en apariencia no tenía ningún peligro, de repente se convirtió en una escena de terror: comprendí que no hacía un solo movimiento en mi vida sin que estuviera codificado en forma de hábito de consumo. Por ejemplo, gastaba mucho dinero en discos, pero nunca se me hubiera ocurrido pensar que eso era un hábito de consumo. Me sentía cada vez más acorralado por las preguntas. Cada acto parecía tener un reflejo en ese cuestionario. Hasta que llegamos al apartado Consumo de animales domésticos. En ese punto vi una grieta por la que escapé porque conseguí engañar a la chica cuando le dije que consumía canarios y que tenía uno en la habitación contigua. Esa misma noche, mientras leía en la cama, oí cantar al canario que no existía. A partir de ese momento el canario inexistente se convirtió en lo más real de mi existencia, de manera que, misteriosamente, lo más importante era justamente aquello que no existía. Intenté explicarme el por qué de esta situación y la única respuesta que encontré fue que el canario irreal era lo único de mi vida que había escapado a las leyes del mercado. Me acompañó mucho tiempo, pero se ponía muy pesado mientras escribía. Por eso cuando estaba terminando la novela lo devolví a la irrealidad de la que procedía: uno de los personajes del libro lo asfixia. El personaje que va a contar su biografía en Dos mujeres en Praga cuenta cosas que a veces no son ciertas sin por eso ser mentiras, y es que no son reales, que no es lo mismo. Ahí se produce un deslizamiento de los materiales del territorio de la ficción a los de la realidad, y trabajamos en esa frontera sabiendo que la ficción es un modo de llegar a la verdad.En la historia de la novela parece tener más protagonismo el azar, que los mismos personajes.
La vida es el territorio en el que las cosas pasan o no, pero no sabemos de qué depende que pasen o dejen de pasar; y además las cosas que ocurren tampoco son necesarias porque no están puestas al servicio de un sentido determinado. Hay un personaje de la novela que quiere creer que todo lo que sucede es por algo. En ese sentido, Borges daba una definición del azar magnífica: el azar es un modo de causalidad cuyas leyes ignoramos. Este narrador cree que debajo de una primera y caótica capa de realidad existe una especie de tejido neuronal que une todo bajo el eje de un sentido. La famosa teoría del caos en la que una mariposa que bate las alas en Hong Kong hace que llueva en Nueva York. Hay una búsqueda de estas conexiones en la novela. La casualidad tratada como destino.
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/ Mariano Valerio.
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