Un mes tan politizado como el de marzo dejó lugar para la aparición en las librerías argentinas de tal vez uno de los grandes libros de la temporada: Nocturno en Chile. Su autor, el chileno Roberto Bolaño, revisa 50 años de la historia de su país en una novela con un párrafo de 150 páginas y otro de sólo una línea. Eso le basta.
Y todo a través de la voz de un cura del Opus Dei que está a punto de morir y en una noche afiebrada del año 2000 recuerda su paso por la vida. Así Sebastián Urrutia Lacroix, sacerdote y crítico literario, relata el camino que lo llevó a ser el encargado de enseñarle marxismo al dictador Arturo Pinochet.
Entre el despiadado y escabroso marco de lo real y la paciente magia de su imaginación inaudita, Bolaño construye una novela (y por qué no una obra a base de libros de poesía y novelas galardonadas) que tiene toda la agitación y la dinámica que se le pide a un relato de acción sin olvidarse de entender la escritura como un acto de reflexión sobre el acontecer del mundo y del destino de la literatura.
Nacido en Chile en 1953, Bolaño ha llevado a cabo una existencia bastante trashumante. A los 15 años estaba viviendo en México, donde comenzó a trabajar como periodista y se hizo trotskista. En el 73 regresó a su país y pudo presenciar el golpe militar. Se alistó en la resistencia y terminó preso.
Unos amigos detectives de la adolescencia lo reconocieron y lograron que a los ocho días abandonase la cárcel. Se fue a El Salvador: conoció al poeta Roque Dalton y a sus asesinos. En el 77 se instala en España, donde ejerció (también en Francia y otros países) una diversidad de oficios: lavaplatos, camarero, vigilante nocturno, basurero, descargador de barcos, vendimiador.
En los años 80 supo sustentarse la vida ganando concursos literarios (en su libro Llamadas telefónicas¸ 1997, hay un cuento sobre ese llamativo affaire). A fines de los años 90 la suerte empezó a estar de su lado: Los detectives salvajes (1999) obtuvó el premio Herralde y el Rómulo Gallegos, considerado el Nobel de Latinoamérica, que alguna vez se llevaron a sus casas García Márquez y Vargas Llosa.
Bolaño estará en nuestro país a fines de mes como parte del jurado del III Festival de Cine Independiente de Buenos Aires.