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Año 2, número 28, octubre 2001 Que
nadie se entere Los seres humanos nos movemos con dos parámetros
diferentes: uno, aquel que se relaciona con lo más íntimo, con lo que nunca se
comparte; el otro, el que se puede hablar en voz alta sin temor a la sonrisa irónica
del resto. Mariano del Mazo pasa revista a las situaciones que sonrojan y que
pese a no resultar moralmente condenables nos provocan pudor si se llegan a saber.
¿Se deberá a su relación con los sentimientos y con el cuerpo? También detalla
esas vergüenzas que sí encuentran razón de ser, como las burlas y el marginamiento
de los diferentes. Alguien lo ha dicho El pequeño párrafo
de una carta del siglo xviii que incentiva a seguir el instinto amoroso. La frase
de Rimbaud que suena a amargura de vida. El postulado de André Breton sobre la
imaginación. Estas frases recuerdan cómo los hombres vivimos lo prohibido.
Aguafuertes La
vez que no pude Imaginen el territorio de las fantasías que despierta
la mujer en el hombre. Allí, la idea de que ella se entrega de manera inocente
suele jugar un rol importante. Este texto del novelista Marcelo Birmajer cuenta
qué sucede cuando se pierde esa falsa esperanza.
El
extranjero La historia de un chico al que no le gusta el fútbol. Casi
paria en su propia civilización, está condenado al absurdo cada vez que un grupo
de amigos decide patear la pelota. Un relato –¿autobiográfico?– del escritor Pedro
Mairal.
La mirada de los otros La
poeta Alicia Borinsky refleja escenas de la vida cotidiana y analiza su vínculo
con el pudor. Hay espacio para reflexionar sobre hechos tan diferentes como la
coima, la comida y hasta algo tan natural... como la ducha.
Entrego
mi cabeza La vergüenza es cultural: lo que en una sociedad puede
provocar orgullo, en otra mueve a pedir perdón públicamente. La escritora Anna
Kazumi Stahl –estadounidense, con ancestros japoneses y alemanes– cuenta cómo
de chica debió ir cambiando la noción de lo correcto.
Apunten,
madre soltera Los prejuicios que caen sobre las madres solteras están
lejos de haberse diluido. Ahora los comentarios son más silenciosos, solapados,
pero a veces con igual contundencia. La periodista Marcela Stieben nos cuenta
cómo vivió –y cómo le hicieron vivir– sus dos embarazos sin la figura de un hombre
al lado. ¿Qué fue de tu
vida? Todos tuvimos un amigo así: el piola, el que siempre iba al frente,
el que provocaba envidia por su soltura. Esta es la historia de ese hombre al
que el tiempo le jugó una mala pasada. Una nota del periodista Héctor Yudchak.
Civilización
y vergüenza El pudor y la represión de los instintos han tenido
una función social disciplinadora, sostiene Olga Viglieca en esta nota que relaciona
la esfera de lo íntimo con el comportamiento público. Por ejemplo, hubo una época
en que las reinas parían casi delante de la corte porque el estigma no era el
dolor del parto sino el posible cambio de un hijo real por otro plebeyo. Los mitos
de cada época también construyen el imaginario sobre lo que merece no saberse:
en la antigua Grecia, por ejemplo, un hijo guerrero podía suplicar ayuda a su
madre sin que eso menoscabara su dignidad. Digresiones Los
tabúes sexuales, las mujeres golpeadas y el racismo son algunos de los pudores
sociales que analiza Luis Gruss.
Carrusel Estudiar la autocensura
con técnicas del yoga y explorar la propia vanidad a partir de un disco son algunas
de las sugerencias de Federico Quintero.
Correo Esto dicen los
lectores
El cuento “Los anteojos” de Marco Denevi | |