Editorial |
La varita
Se siente su presencia; lanza un ronroneo que persiste obstinadamente.
Es como un motor que cada uno tiene adentro y que fabrica
futuros planes, ideas, absurdos, crecimientos. Y que se
empeña en no bajar su velocidad
de trabajo así le queden, apenas, unas gotas de combustible.
Algunos la sitúan en el cerebro, allí, cerca de los
ojos,
para poder ver todo lo que pasa.
Otros, al costado del corazón, para saber qué sentimos.
Quizás ambas teorías estén en lo cierto: si se
desmenuza un sueño,
encontramos grageas de emotividad y alguna dosis de razón.
Juntas se animan a buscar la salida del laberinto: no hay traza demasiado
complicada
ni monstruo con fauces hambrientas que pueda impedirlo. Por eso esta
noche,
cuando tomes una copa de vino,o mañana, cuando abras los ojos,
dejate llevar por el deseo.
Ahí va a aparecer la magia que no te animás a pensar
en voz alta. No temas.
Abrile la puerta, es la ilusión.
|