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Por Elena Poniatowska| Escritora mexicana.
Su última novela es “La piel del cielo”
Foto: Santiago Porter
  Iluminaciones
I. “¿Qué es la vida?”, se pregunta Calderón de la Barca en “La vida es sueño” y se responde: “Una ilusión”. Continúa con “una sombra, una ficción,/ y el mayor bien es pequeño,/ que toda la vida es sueño,/ y los sueños, sueños son”.

II. Una de las mejores películas que se han filmado en México es La ilusión viaja en tranvía, de Luis Buñuel, filmada en 1953, en blanco y negro. Al enterarse dos ferrocarrileros de que su tranvía 133, en el que han trabajado toda la vida, será retirado del servicio, deciden robarlo después de emborracharse para darse valor. Ese mismo día Caireles y Tarrajas dan servicio en la noche a un grupo ecléctico de pasajeros: un catrín, un par de monjas, un profesor con sus alumnos y unos carniceros del rastro. Los guajolotes y los huacales de frutas y verduras, los conejos y las gallinas muertas colgadas en manojos, los cuartos de res ensangrentados recién nacidos en brazos de los carniceros y las viejas beatas abrazadas a la imagen de un santo hacen que el viaje se transforme en la más surrealista de las ilusiones. A la mañana siguiente, Caireles y Tarrajas deciden devolverlo cuando Papá Pinillos, un inspector jubilado, se dispone a delatarlos.

III. La ilusión que teníamos los estudiantes de esos años que ya se han pintado de sepia, al regresar a la escuela después de las largas vacaciones de verano, no era tanto por el curso o los libros recién salidos de la imprenta o los cuadernos rayados de “cuaderno de... perteneciente a...” sino la de ver de nuevo a los amigos, saber que estaban allí, que quizá llegaría un compañero desconocido que nos contaría historias de otro planeta. Era la ilusión del reencuentro con la vieja maestra con los dedos manchados de gis que regalaba caramelos a los que sabían las capitales completas de todas las ciudades de Europa, de Canadá, de Estados Unidos, de nuestro continente, de China y de Japón. Ver al amigo de un grado superior, Rodolfo Stavenhagen, cuya compañía disfrutaba especialmente, porque en una fiesta del colegio me sacó a bailar. “¡Te sacó uno de sexto!”, exclamaban verdes de envidia las compañeras. Todas éramos de quinto, que no de quinta. ¡Cuántas horas pensé en él sentada bajo el árbol del jardín de recreo! Ahora es un antropólogo calvo y muy reconocido que da clases en Harvard. La ilusión que se vive como un instante de iluminación especial al estrenar un cuaderno en el que no se ha escrito todavía nada; tomar la pluma en la mano que siempre escribe y esperar que ahora sí salgan los poemas, el artículo, la entrevista, el cuento, la novela. Ilusiones, siempre ilusiones que se estrellan contra la realidad. No tengo nada que decir, estoy tapada, me es imposible. ¿Para qué si los otros ya lo dijeron? Kant decía que “es el juicio el que une estos dos mundos o disuelve la ilusión de que hay dos mundos: el interno y el externo”.


IV. La ilusión que se vive como un instante de iluminación especial al estrenar un cuaderno en el que no se ha escrito todavía nada; tomar la pluma en la mano que siempre escribe y esperar que ahora sí salgan los poemas, el artículo, la entrevista, el cuento, la novela. Ilusiones, siempre ilusiones que se estrellan contra la realidad. No tengo nada que decir, estoy tapada, me es imposible. ¿Para qué si los otros ya lo dijeron? Kant decía que “es el juicio el que une estos dos mundos o disuelve la ilusión de que hay dos mundos: el interno y el externo”.

V. Una de las personas que me hizo mayor ilusión entrevistar fue Luis Buñuel, por su personalidad tan cálida a pesar de que todos decían que era sordo e inaccesible. Fuimos juntos a la cárcel llamada El Palacio Negro de Lecumberri y visitamos no sólo a Álvaro Mutis, su amigo colombiano, sino a la crujía de los jotos, curiosamente llamada “La Jota” porque todas las crujías llevaban las letras del alfabeto, la A, la B, la C. Para recibir a Buñuel, los carceleros les ordenaron a los homosexuales y sobre todo a las “locas” despojarse de vestidos y moños y ponerse el uniforme y la cuartelera. A uno que no quiso quitarse el maquillaje le lavaron la cara con un ladrillo. Le tendió la mano a Buñuel hecho un santocristo. A otro lo habían castigado en una celda diminuta porque se negó a hacer fajina. “Hay que hacer la limpieza de la crujía”, le dijo Buñuel preocupado; “ande hombre, hágala para que no lo castiguen”. Repartió sus cigarros y lamentó: “¿Cómo no me dijiste y traigo varios paquetes?” Comimos con los presos. Buñuel se extasió ante el pan crujiente y dorado que hacía un español también preso y yo encontré en mi caldo un hueso de regular tamaño. “Espérese tantito, güerita –dijo un preso que metió sus dedos en mi sopa–, ahoritita se lo traigo”, y a la media hora, cuando todavía platicábamos en torno a una mesa de concreto, me trajo una Virgencita de Guadalupe primorosamente tallada. “Le devuelvo su hueso.” “¡Esto es surrealismo puro!”, sonrió Buñuel. A mí me hizo mucha ilusión esta Virgen y la conservo al lado de la cama junto a las miles de ilusiones que pueblan mi almohada.

VI. En París, los clochards suelen ser muy elegantes con sus abrigos oscuros bien cortados, sus bufandas que a lo mejor fueron a la ópera. ¡Usan guantes! Lo único malo es que huelen a vino. En Madrid, quizá también los pordioseros sean altivos porque Voltaire cuenta de uno reprendido al extender la mano: “¿No le da vergüenza pedir limosna cuando puede trabajar?” “Señor, pido dinero, no consejos”, respondió el mendigo. Tengo la ilusión de ser un día como este mendigo, porque finalmente todos en la vida somos menesterosos.
Número 29/ La alegría
  Tapa
  Sumario
  Iluminaciones
  Con ojos color
  de miel
  El defecto de
  mi niñez
  Cubana filosofía
  de la ilusión
  Quiero que vuelvas
  Pasión
  Esos sueños de mi
  hermano
  Adiós, guitarra cruel
  Una familia especial
  Que la pena haga
   sus valijas
  Te perdí, te voy
  a encontrar
  El espejo
  esmerilado
  Foros