Editorial |
¿Por que
no?
Hay quienes piensan que en una época difícil es mejor no hablar de la alegría.
–Que estoy en otra, que no hay clima para la sonrisa.
–Que no tengo ganas de levantarme, que el día se parece demasiado a la noche.
Creemos que no tienen razón. ¿Acaso Discépolo no lo adelantó: que el mundo
fue y será una porquería ya lo sé?
Sin embargo, él apostó a arrancar una poesía allí donde parecía que poco podía crecer.
Por eso –y por esa pequeña luz que tuviste ayer,
por aquella picardía que harás mañana– este número habla
de la alegría. De las muy chiquitas: del agua
que te acaricia cada mañana cuando te duchás, de patear una pelota,
de leer algo que te da placer. Y de las no tan chiquitas,
porque alguna vez también merecemos emborracharnos de dicha.
Aunque el mundo nos mire raro.
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