Sábado a la noche de un noviembre que, recalentamiento climático mediante, parece pleno verano y el restó de Moria Casán, en el corazón de Palermo Soho, arde en forma literal, repleto con 200 personas que degustan shows eróticos mientras también consumen desde ensaladas caprese, papardelle a la caponatta hasta sushi de salmón, la estrella de la noche.
Como todo en Moria es excesivo, el restó no podía ser menos. Ubicado entre Armenia y Córdoba, el local está dividido entre El cielo -en la planta baja dominada por el color blanco- y El Infierno -un primer piso en rojo intenso- coronado por un caño para el pool dance y una pileta para el aquadance. Cualquier similitud con el Bailando por un sueño de Marcelo Tinelli, ¿es pura coincidencia?
Al equipo de Terra lo recibe en la puerta un negro monumental con galera blanca que es el encargado de abrir las puertas del Cielo. Ya adentro, sale al encuentro Luciano Garbellano, socio de Casán en el emprendimiento pero con fama propia por regenteado cuatro prostíbulos, y sacar a la luz un video de uno de sus locales en el que participaba el juez federal Oyarbide.Las imágenes depararon en escándalo mediático con juicio político para el magistrado y presencia asegurada para Garbellano en todos los programas de la tarde.
El quilombo de ese video me sacó del negocio de los prostíbulos asegura a Terra Garbellano-. Es que la confidencialidad es funadamental en ese negocio. Junto a la vedette, el hombre es el alma mater del restó, ideólogo de la Escuela de Arte de Moria 1.200 alumnos, 20 materias y 20 profesores y de la flamante bodega de la diva con botellas de Malbec, Chardonnay y champán espumante acompañadas con bijou de regalo.
Detrás de la barra, Garbellano -barba crecida, gel en el pelo y camisa fuera del pantalón- toma té traído especialmente de Nueva York. Moria es la luz y yo el motor de los negocios. Es una marca registrada en todo el país y si se cuida bien es generadora de grandes negocios con todo lo que tenga que ver con el espectáculo y la diversión.Entre el cielo y el infierno
Esa noche tórrida el Moria restó desborda de despedidas de solteras (se ven futuras esposas disfrazadas de diablitas o enfermeras sexies) y hombres entrados en años bien acompañados.
Los famosos de la velada son Gastón Pauls con su pareja Agustina Cherri, y Mercedes Oviedo, su compañera en Todos contra Juan, la comedia que va por América los lunes a las 22:30. Párrafo aparte para el precio de la fama que debe pagar Pauls una vez que fue descubierto por los grupos de chicas. Fueron más de cinco fotos por minuto, besos y abrazos de todos los colores.
El local de dos plantas está inspirado en la Divina Comedia pero sin Purgatorio: sólo un Cielo y un Infierno.
El Cielo, blanco espumante y con dos sillones con las iniciales de sus dueños, está curiosamente debajo del Infierno. En la cabecera de las mesas principales, junto a los sillones, cuelgan un retrato de Gandhi y otro de la Madre Teresa rezándole a, fuera de broma, una lata de energizante.
Escaleras arriba, el Infierno es rojo profundo y contiene la pileta gigante donde se bañan las bailarinas. De sus paredes cuelgan cuadros de películas de la mafia made in Hollywood y un plasma con proyecciones incesantes de las películas Scarface y El Padrino.
En el Infierno se desarrolla la seguidilla de shows, desde la entrada hasta después del postre.
Por ejemplo, la campeona de pool dance vestida de tul se cuelga del caño con sus brazos musculosos y hace figuras inigualables para cualquier participante de Bailando por un Sueño.
La bailarina repetirá el show sumergida en la palangana gigante y, ya cambiada con ropa seca, dirá que se llama Pía Pécora. Y contará: "Lo mío no es strip, es un show más acrobático. Además hago Acqua Dance en la pecera, que es algo que surgió del Cirque Du Soleil.
A medianoche, irrumpe un bailarín disfrazado de oficial de la Policía Federal, mientras en la pantalla del fondo, las facciones de Tony Caracortada Montana se derriten como si el hombre acabara de ser víctima de un aneurisma cerebral. El stripper se saca todo y refriega su humanidad entre las chicas que están por casarse, pero hoy se disfrazaron de diablitas.
Luego el stripper vuelve disfrazado de cura y en la parte más caliente del Infierno realiza un desnudo total frontal, mientras de fondo se escucha los alaridos de las mujeres. Todas terminan de pie aplaudiendo al muchacho de los músculos de acero.
En el Cielo, se dan los mismos shows en forma alternada, pasan las chicas y los stripper desnudos. Ellos refriegan a las señoras y ellas ubican sus colas y pechos demasiado cerca de la copa de vino de los comensales. Todo indica que a los ojos de Moria tanto en el cielo como en el infierno todos los humanos están presos del deseo de la carne.
Terra
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