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| | Buenos Aires, 14 de diciembre de 2006 - 19:14 hs. Última actualización 21:19
Los tabúes quedan atrás Tatuajes y piercings, una moda que crece La galería Bond Street, en la avenida Santa Fe, se ha convertido en uno de los reductos jóvenes más importantes de Buenos Aires. Además de locales de discos, remeras de rock y comics concentra alrededor de quince casas de tatuajes y piercings a las que acuden diariamente cientos de personas.
"Las mujeres se tatúan mariposas, flores, duendes, soles, iniciales, dibujos pequeños. Los hombres se hacen dibujos más grandes, demonios, paisajes. El tribal es elegido por ambos sexos", señala Ivo, de Dr Ivo & Mc Pyo, el primer local de tatuajes de la galería, inaugurado en 1989.
Según él, aquello que definitivamente se dejó de usar son las letras chinas: "Mucha gente se las tatuó durante años y actualmente se las están tapando para hacerse dibujos más creativos".
Por su parte, Mariano, de American Tattoo, destaca la diversidad de los diseños: "Hoy está todo muy abierto. No se sigue una moda. La diferencia es que la gente se anima a tatuajes más grandes que en los años 90".
Nito, de Indian Tattoo, comenta que los clientes más osados piden un dibujo que cubra la pierna o una "manga oriental" pero es raro que alguien se tatúe el cuerpo entero. Diseños para todos los gustos
Hernán tiene tatuajes de gran tamaño distribuidos en sus piernas, espalda, pecho y brazos. "Me hice distintos estilos en diferentes momentos de mi vida: un motivo biomecámico, que mezcla de máquinas y ojos, otros clásicos y uno de la "nueva escuela", que son las pin ups de los '50 pero con aspecto más moderno, explica este joven de 27 años.
Es notable que cada persona se vincula con el tatuaje desde motivaciones muy diversas. Nito cuenta que tiene preferencia por el tatuaje japonés. Este se basa en las tablas de "ukiyoe", unos grabados antiguos a los que se les otorga un toque de realismo occidental.
Sergio, de 23 años, nos muestran una de las obras impresas en su cuerpo y habla de la relación del tatuaje con el graffiti, arte popular que tiene fuerte presencia en las paredes de la galería. "Me lo diseñó un graffitero norteamericano que está en el país. Para mí no hay diferencia entre hacer estos motivos en una pared o en una pierna", afirma.
En Lucky Seven, por otro lado, Claudio se especializa en fileteado porteño, con dibujos muy apreciados por los turistas. El color local cautiva. Entre los retratos, por ejemplo, Maradona y Gardel figuran a la cabeza del ranking.
Otras imágenes requeridas son los parientes y las mascotas: Natalia, de 23 años, se hace dibujar en un tobillo la patita de su perro, que acaba de morir; Milton, de 15 años, mientras elige letras para la escritura de su nombre en una pierna, nos dice que más adelante piensa tatuarse los nombres de sus padres.Una inspiración romántica suele ser el móvil de inscripciones en la piel con el nombre del ser amado. "Siempre que viene un cliente y pide que le hagamos el nombre de su novia o novio relata Ivo- le decimos que no es recomendable y le sugerimos que se haga la inicial, que es más fácil de tapar si la pareja fracasa. Actualmente hacemos nombres en forma de tribal. A simple vista ves un tribal y, si te concentrás, encontrás un nombre oculto detrás del diseño".
El piercing puede ser una opción sensual que evita los dilemas del amor eterno. En general, las chicas se lo colocan en el ombligo, en la nariz y en el cartílago de la oreja. Los varones prefieren la ceja, mientras que la lengua es un lugar unisex. Lo novedoso es que, desde hace dos años, la gente se atreve más a ponerse aros en los genitales.
Para Mariano son los extranjeros quienes más buscan este tipo de piercing. Resalta que es habitual que lleguen a su local turistas de todo el mundo. "Con el cambio les resulta económico. Un tatuaje que acá les cuesta 100 pesos en sus países puede valer 100 o 200 euros o dólares".No más prejuicios
De acuerdo a los testimonios de los trabajadores del rubro, una idea que se comienza a romper es la de que los tatuajes y los piercings son patrimonio exclusivo de los jóvenes. "He tatuado hasta un hombre de 72 años. Vino con su hijo. Pensé que buscaban un dibujo para el chico y resulta que el que se tatuó fue él", apunta Nito.
En uno de los locales encontramos al papá de una de las jóvenes fallecidas en Cromañón. A los 56 años este señor tiene tatuadas las iniciales de su hija y la fecha de la tragedia. En sucesivas visitas un tatuador le da forma a un samurai en su espalda, dibujo que deseaba estamparse la seguidora de Callejeros.
Más allá de la particularidad de ese caso, el piercing y el tatuaje aparecen a menudo como vínculo entre generaciones. Lorena cumple los 15 años y, como regalo, su papá la lleva a la Bond Street para colocarse el primer piercing. El padre aprovecha y elige su tattoo. "Siempre me gustaron los tatuajes dice el hombre de 43 años- pero antes los lugares me daban temor. Hoy es todo más seguro."
La mirada menos recelosa se debe, en gran medida, a la profesionalización de la actividad. Mariano, al frente de una empresa donde trabajan cerca de 25 personas, explica que arrancó en 1990 y se inspiró en el ambiente del tatuaje estadounidense, donde había locales habilitados y se tatuaba hasta la gente del espectáculo.
En ese momento, en nuestro país "todo era muy under, no existían lugares higiénicos". Hoy el negocio está reglamentado por una ley que rige desde diciembre pasado. Los menores deben asistir a los locales con su DNI y acompañados con sus padres, cada tatuador tiene libreta sanitaria y se utiliza material descartable y esterilizado que se encuentra a la vista del cliente.
Además de las normativas, quienes abrieron el camino hacia una postura más benévola con el mundo del tatuaje y del piercing fueron las celebridades que pasaron por la galería.
El espectro es amplísimo e incluye desde músicos de bandas internacionales como Cypress Hill, Pantera o Die Toten Hosen hasta figuras como Maradona, Rodrigo y Tinelli. "Gracias a ellos se fue dejando de lado el tabú, la gente se anima más a tatuarse y no se discrimina tanto a quien tiene un dibujo en una zona visible. Hoy hasta los políticos tienen tatuajes", remata Mariano.Por Betina Bracciale
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