Buenos Aires, 31 de diciembre de 2007 - 10:22 hs. Última actualización 10:30
River La misma melodía triste En Núñez se vivió otro año para olvidar rápido. La catastrófica eliminación de la Libertadores y el 14° puesto en el Apertura hablan por sí solos, en un marco de crisis institucional. La violencia, además, fue una indeseable protagonista.
  River y una imagen repetida.Otro año que se va entre ilusiones hechas añicos. Para River ya son tres temporadas al hilo. Son muchas y le duelen. Para peor, la crisis tiene agravantes en todos los estamentos del club. Y este 2007 quedará marcado como el año de la violencia en Núñez.
En cuanto a lo deportivo, River no peleó por el máximo objetivo en ninguno de los torneos que disputó. No sólo terminó zapatero, sino que siquiera estuvo cerca de aspirar a algún título. Los hinchas embarcaban su ilusión en un Fernando Belluschi que la rompía y los dirigentes imprimían un fuerte voto de confianza al entrenador, Daniel Passarella. Pero en los primeros días del año el plantel se vio sacudido por el primero de los tantos cimbronazos que lo alcanzarían a lo largo de la temporada. Ariel Ortega tuvo una fuerte recaída en medio de la pretemporada en Mar del Plata y eso afectó el ánimo colectivo.
Para el Clausura llegaron Leonardo Ponzio, Diego Galván, Juan Ojeda, Cristian Villagra, Marco Ruben, Nelson Rivas y Mauro Rosales. Ninguno cubrió las expectativas y muchos hasta se alejaron del club a mitad de año. La primera apuesta fuerte fue la Copa Libertadores y el paso inicial ilusionó a muchos: River venció al temible Colo Colo de Chile por 2-1 como visitante. Sin embargo, una primera ronda que asomaba como un trámite precipitó la catástrofe. Llegó al derrota por 1-0 ante Caracas en el Monumental, en la primera vez que un equipo de Venezuela ganó en suelo argentino. Y un nuevo traspié frente al mismo rival, esta vez por 3-1 en la ciudad colombiana de Cúcuta, apuró la eliminación del team de Passarella a una fecha del final.
La desilusión ya empezaba a marcar el camino de River. Y el 25 de mayo, Passarella se hizo escuchar: A fin de año, si no gano nada me voy y no cobro un peso. Mientras tanto, en el terreno local, River nunca llegó a discutirle seriamente el título a San Lorenzo, que al final se coronó campeón, pero al menos culminó la campaña en forma aceptable: cosechó 33 puntos y se ubicó en el cuarto puesto.
La violencia ya dominaba la vida institucional de River. Todo arrancó el 11 de febrero, con la tristemente célebre Batalla de los quinchos. Tres meses más tarde, una nueva pelea entre los bandos liderados por Alan Schlenker y Adrián Rousseau dejaba como saldo tres heridos de arma blanca. Días después, el presidente José María Aguilar sufrió pintadas intimidatorias en el frente del colegio al que concurre una de sus hijas.
Hasta que el 7 de agosto le tienden un emboscada a Gonzalo Acro, cercano a Rousseau, quien resulta herido gravemente en la cabeza por un arma de fuego a la salida de un gimnasio en el barrio porteño de Villa Urquiza.
Murió dos días más tarde. La Justicia se encuentra en plena investigación del caso.
En el plano futbolístico, la apuesta en el mercado de pases fue muy silenciosa a mitad de año. Sólo se sumaron Sixto Peralta y Rolanzo Zárate, quienes prácticamente no jugarían. Quedó libre Víctor Zapata, Ernesto Farías dijo adiós en medio de una transacción polémica que precipitó una
veda de los clubes mexicanos para negociar con River (el Tecla se iba a ir al Toluca y finalmente aterrizó en el Porto de Portugal) y Juan Pablo Carrizo se fue a Lazio y luego volvió por problemas para conseguir la ciudadanía italiana.
Los traspiés comenzaron a sucederse y derivaron en una penosa campaña en el Apertura. El equipo terminó 14° en la tabla de posiciones, sufrió más derrotas que victorias (ocho contra seis) y sufrió más goles en contra que a favor (33 contra 31). En la Copa Sudamericana, River llegó a los tumbos a semifinales, donde lo frenó Arsenal en definición por penales, en el Monumental. Al día siguiente, Passarella renunció. El resonante triunfo ante Boca por 2-0 en el superclásico del 7 de octubre y un puñado de buenas actuaciones en Núñez (entre ellas, el éxito por 3-1 frente a Lanús, que luego se consagró) fueron un oasis en el desierto. No hubo explicación, tampoco consuelo.
River vivió otro año para olvidar rápido. Con la reciente designación de Diego Simeone como entrenador, es tiempo de renovar las esperanzas y proyectar lo que viene.
Terra

Mensajes publicados en esta nota: 1  
| |
|