La bisexulaidad de Los amigos que perdí seguramente llama la atención de aquellos que suponían que Jaime Bayly era sólo homosexual
(risas)
Después de mi primer libro me di cuenta de que había logrado algo extraordinariamente conveniente sin proponérmelo: y es que hacerse de una mala reputación es una gran comodidad, luego uno se puede permitir cualquier tipo de desmán sin escandalizar de nuevo a todo el mundo.
Fue un proceso doloroso, no fue fácil para mí sobrevivir a la novela. La escribí en Washington mientras que en Perú salían titulares en la prensa terribles, incluso para mi madre, porque decían que Bayly se había acostado, poco menos que con todo el gabinete ministerial (risas).
Cuando vuelvo a Lima un tío me llama por teléfono y me dice, muy compungido, que la familia estaba preocupada por todo aquello que yo contaba en mi novela y que él tenía como misión disuadirme de publicarla y que a cambio me harían un oferta económica. Con muy buenas intenciones, ya habían calculado cuánto podía llegar ganar con mi libro y pensaban ofrecerme más. Yo dije que no me arrepiento (risas).
Desde que no fumo marihuana y no tomo cocaína todos los días, algo que antes hacía con disciplina casi religiosa, me siento mucho mejor y soy más feliz. Respeto a las personas que toman drogas. Es más, creo que las drogas deberían venderse en las farmacias, cada uno debe ser dueño de su cuerpo.
En este momento ya no tengo ni curiosidad ni inquietud por seguir usando drogas, creo que no podría hacer todo lo que hago de seguir tomando cocaína, mi corazón ya me lo estaba advirtiendo. Pero de ninguna manera me pronuncio moralmente.
La cocaína es un droga destructiva que envilece y saca a relucir la peor parte de alguien; por el contrario, creo que la marihuana es una droga mucho más sensual y que en ciertas personas opera incluso como un desinhibidor. El aborto y la droga deberían ser opciones libres, no delitos.