Tal vez perdí parte de mi publico, por supuesto que es algo de lo que no me arrepiento. Por otro lado, tengo una relación conflictiva con la televisión: a veces pienso que debería dejarla, que, en cierto modo, es como hacer trampa. Algunos escritores amigos me preguntan cómo puedo tener una vida tan obscenamente notoria.
Cuando estás en la tele te conviertes en el objeto mirado, algo verdaderamente peligroso para un escritor, porque aquel que escribe necesita tener un punto de vista, ser él quien mira y no el mirado; no sé si es posible sostener por mucho tiempo más ese delicado equilibrio. Sin embargo, tengo la sospecha de que se trata de una venganza personal contra mi madre.
Cuando yo era pequeño no me dejaba ver tele y me obligaba a leer dos horas diarias encerrado en mi cuarto, ahora le digo que si me quiere ver, que prenda la tele (risas).Creo que la televisión me ha permitido enriquecerme como escritor, me ha provisto de historias y de personajes más que pintorescos, extravagantes, que probablemente yo no hubiera conocido si fuese un escritor aislado y ensimismado en su trabajo.
Por otro lado, no hay que tener una visión antigua sobre el oficio del escritor. Un buen escritor no debe necesariamente llevar una vida recluida, atormentada y más de una vez autodestructiva; es una opción legítima, pero no debe ser la única: se puede ir al gimnasio y ser una buen escritor (risas).
En la televisión mi oficio pasa por hacer hablar a las personas y arrancarle sus más preciados secretos y en la literatura mi trabajo pasa por hacer hablar a los personajes. Pero es infinitamente más placentero escribir que hacer televisión, porque cuando uno escribe lo controla todo. Si me resulta odioso un personaje, simplemente lo mato, algo que no puedo hacer en la tele.