Desde la aparición de su primera novela No se lo digas a nadie, el escritor peruano Jaime Bayly supo ganarse el lugar de niño maldito de la nueva narrativa latinoamericana. Generalmente, su figura está asociada con la imagen de conductor televisivo, sin embargo, su escritura no pasa de ninguna manera inadvertida.
Sus libros, editados mayormente por el prestigioso sello barcelonés Anagrama, parecen destinados a ser hijos de la discordia: cada vez que alguno aparece, el revuelo es inevitable.
Recientemente se ha publicado Los amigos que perdí, una novela en la que el demonio del Altiplano construye el personaje de un escritor peruano radicado en Miami que le pide perdón a viejos amigos y amantes que ha dejado de lado, y casi en el olvido, por haber triunfado en la televisión. Peligro. Realidad y ficción se rozan. Bayly presente.
Con amigos así