Muy amiga de la familia Scioli, la actriz Nacha Guevara, nacida hace casi 70 años como Clotilde Acosta, se transformó un par de meses antes de las elecciones, en una figura principal en las listas bonaerenses del Frente para la Victoria.
Su papel en las listas del oficialismo provincial se transformó prontamente en testimonial. Pero no por potenciales dudas sobre si asumiría o no, sino que desde un primer momento se asoció a su figura con la de la líder histórica del justicialismo, Eva Perón.
Si las primeras críticas a su postulación como diputada apuntaron a señalarla solo como un reflejo lejano de Evita, a partir de su papel en el conocido musical que encabezó durante mucho tiempo, Nacha hizo poco por desmentirlo: en sus primeras imágenes en campaña apareció con un prendedor con la bandera argentina en el pecho y el rostro con su habitual palidez. Todo muy Evita, que, se recordará, nació líder siendo actriz.
Pero antes de llegar a la frase de su discurso inaugural como candidata, cuando dijo yo no sé nada de política, Guevara recorrió una extensa carrera artística por el camino de la música, la televisión, el teatro y los musicales, que la llevaron por todo mundo de la mano de su talento.
Conocida por su afición al cuidado personal que transformó en imposible acertar su admitida edad sin ayuda de los manuales, Guevara nunca escondió lo suyo y, así como ahora propuso ponerle el pecho a la campaña, literalmente lo hizo unas cuantas veces en su vida laboral.
La última y más recordada fue durante la representación de la obra de teatro El graduado, donde durante cerca de 30 segundos debía presentar un desnudo total que conmovió.