Buenos Aires, 13 de diciembre de 2004 - 17:16 hs. Última actualización 17:55
Por Julio Nudler Más misterios que certezas La supuesta intención del Gobierno de pagar la deuda con el FMI es totalmente ajena a Lavagna. Puede ser que el plan sirva para maquillar la imposibilidad de llegar a un acuerdo con el Fondo ante un posible fracaso del canje de bonos. La estrategia a futuro de Kirchner es una incógnita.
De pronto, como un elemento novedoso, el gobierno de Néstor Kirchner tomó la decisión de divorciar a la Argentina del Fondo Monetario, aunque por ahora sólo sea una expresión de deseos. De todas formas, incluso con ese carácter, tiene gran significación y genera una situación bastante extraña.
La primera rareza es que aparece como un gesto político, sin participación del ministerio de Economía, a pesar de sus marcadas consecuencias económicas. Esto devalúa a Roberto Lavagna y tiende a ir preparando su alejamiento. No hay posibilidad de que un ministro conviva mucho tiempo con situaciones como ésta.
Por otro lado, invierte el sentido del sacrificio que vino haciendo el país desde 2002 respecto del FMI. Cada vez que quedaba suspendido el programa acordado, como ahora ocurre desde agosto, la Argentina pagaba los vencimientos con el organismo a costa de sus reservas. Ese gran esfuerzo era interpretado como una apuesta al reflote del acuerdo.
Es más: la reanudación del vínculo, con la esperada "devolución" por parte del FMI de parte de lo amortizado y la refinanciación de todos los vencimientos ulteriores, formaba parte de la programación financiera del Estado. Ahora esto cambia por completo.
El giro admite dos interpretaciones opuestas. Una es que Kirchner quiere imprimirle su sello a la estrategia económica y producir un hecho fuertemente político para consumo interno. Otra es que, en realidad, se anticipa a la imposibilidad de un nuevo acuerdo y la Casa Rosada prefiere aparecer como quien no quiso en lugar de ser vista como quien no pudo.
La pregunta es, en este caso, por qué no se podría. La mayor razón de esa eventual imposibilidad se vincula, hoy, con el resultado que obtenga el canje de deuda, que debería cerrar en febrero. Ese desenlace podrá ser leído de diferentes maneras, según el porcentaje de adhesión que se consiga.
Dentro de las alternativas que se anticipan, la aceptación podría alcanzar una proporción que la Argentina interprete como un éxito y el Fondo, como un fracaso. En tal caso, el país juzgará que dejó atrás el default, y el FMI entenderá que no y que, por consiguiente, no habría chance de iniciar las negociaciones para un nuevo entendimiento.
Es un hecho de que la oferta argentina a los bonistas fue mejorada considerablemente, y que esas mejoras obedecieron en buena medida al deseo de alcanzar un nivel de aprobación que resultase satisfactorio para el staff del Fondo. Es obvio que la idea no era romper de todas formas con ese organismo, y que por tanto el objetivo estratégico del país fue modificado de raíz en los últimos tiempos, si todo esto no consiste en un simulacro.
Otra conducta que mostraba el control de Lavagna sobre la política económica y la decisión de respetar, más allá de las fricciones y los desacuerdos, los parámetros del FMI fue el alardeado sobrecumplimiento de las pautas monetarias y fiscales. Es verdad que esto no le bastó al Fondo, pero le daba a la Argentina un sólido argumento en cualquier negociación futura.
Ahora la línea de Kirchner es que esa negociación sería infructuosa porque su gobierno no está dispuesto a aceptar la tutela política de la ortodoxia dura que dicta la línea del organismo. De modo que el país se queda ante dos grandes incógnitas. Una es saber en qué desembocará el canje y si el mundo considerará que la Argentina salió efectivamente del default.
La otra es desentrañar cuáles son exactamente los propósitos económicos del Presidente y, más aún, quiénes son los hombres y cuáles las herramientas de que se valdrá. Con Fondo o sin él, Lavagna significa lo conocido. Pero si todos estos replanteos involucran la salida de Lavagna, en torno de la economía habrá más misterios que certezas.
Terra
/ Julio Nudler.
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