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| Terra Actualidad Cumbre Mar del Plata | ||
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Newsletter | Buenos Aires, 3 de noviembre de 2005 - 16:13 hs. Última actualización 07:50 Realidad y fuegos de artificio Qué tan urgente es el ALCA para la región. Y qué tan cercano está de materializarse el tratado. La Cumbre de las Américas tal vez sirva para desnudar la realidad de la región y de las intenciones de los Estados Unidos. El mosaico de realidades latino y la relación con la Casa Blanca. Por la forma en que las delegaciones que negocian en Mar del Plata la declaración final de la Cumbre de las Américas -filtran los debates internos- cualquiera puede sentirse tentado a creer que la zona hemisférica de libre comercio (ALCA) es no sólo una cuestión estratégica, sino inmediata y hasta urgente. Esto último no lo es.
El proyecto estadounidense que acariciaron sucesivamente George Bush padre, Bill Clinton -quien puso en marcha en 1994 el mecanismo de estas cumbres- y ahora George W. Bush no tiene horizonte cercano de concreción; de hecho uno de sus tiempos -el 1° de enero del 2005, cuando debía comenzar a regir según la idea original- pasó con pena y sin gloria y hasta el actual Presidente de Estados Unidos reconoce que el ALCA está sumergido en el limbo de la irresolución.
En el mejor de los casos, saben los negociadores de Washington, podrán rescatarlo en uno o más párrafos del documento, sin que contenga compromisos específicos de realización. En cualquier caso, si esto último sucede, Bush podrá llevarse un módico triunfo simbólico inmediato de su visita marplatense.
Lo necesita y quizá se convierta en algo más que eso luego de la ronda de negociación de la Organización Mundial de Comercio (OMC) prevista para fines de este año. Pero hasta entonces el ALCA seguirá siendo, apenas, una sigla de fantasía. Quizá más allá, pero está por verse. Más bulla que otra cosa
La presencia de Bush en América Latina (Argentina y luego Brasil), un personaje cargado de carisma negativo para el imaginario de la región y la simultanea presencia de su colega venezolano, Hugo Chávez, promete chispas de confrontación, aunque ambos mandatario eviten cuidadosa y previsiblemente cruzarse en el encuentro. No hay remedio: la opinión pública parece odiar las tripas de Bush mientras que el venezolano es -aun con prevención- más simpático; el Goliat moreno que no duda en plantarse frente al David imperial.
Pero aunque el instinto de Chávez no le permita sino buscar el espectáculo del disenso con Bush, lo cierto es que tampoco en esto cabe esperar más que fuegos de artificio llamativos sí, pero no definidores.
En cualquier caso, Chávez parece estar presentando algunos problemas al Gobierno de Néstor Kirchner que -se sabe- no quiere que el disenso crezca a nivel intolerable para Bush, a quien tiene que plan
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