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Gran ritual, por Terra

Los Piojos pusieron a bailar a una multitud en el Cosquín Rock

La banda de Ciro dieron un gran recital en Comuna San Roque, cerrando el fin de semana. Desde el emotivo show de Las Pelotas hasta la fiesta rockera de Ratones Paranoicos, la tercera fecha del festival ardió en Córdoba. Más de 25 mil dijeron presente en la tercera fecha. ¿Calamaro y Bersuit en la próxima edición?

Los Piojos la rompieron en el cierre del festival.

Era uno de los momentos más esperado del festival, y no defraudó. Los Piojos cerraron el primer fin de semana del Cosquín Rock (sólo falta la fecha de Manu Chao) con todo, y ante más de 25 mil personas, el día de más convocatoria. La banda de Ciro se paseó por algunos temas de “Civilización”, su disco más reciente, y revisitó sus viejos clásicos.

En un momento muy emotivo, tras la muerte de Sokol, Las Pelotas demostraron cómo invocar a un amigo desde la música. Y antes, los Ratones Paranoicos tocaron lo mejor de su repertorio, con mucho oficio y justeza.

Pero si por la noche aguardaba una seguidilla de temas rockeros, el inicio de la tercera fecha estuvo signado por el aporte blusero de dos bandas con historia. El trío de Villa María Motorblues, primero, y el ya mítico Don Vilanova (reciente alter ego de Botafogo) regalaron efusivas presentaciones.

Lo del guitarrista fue sólido y brillante, como ya tiene acostumbrado a todo el ambiente. Uno de los puntos más altos fue una curiosa versión blusera de “Imagine”, de Lennon, adaptada en solos de guitarras y letras a los pensamientos de Don Vilanova. “Podrán decir que soy un soñador, pero no soy el único”, cantaba.

Ya con algo más de distorsión, Viticus subió al escenario principal. Cabezas sacudiéndose, brazos en alto, en un campo que se llenaba poco a poco. Así pasaron “Un legendario” y “Mi nuevo Chevrolet”, mostrando, una vez más, que el rock y los fierros se llevan bien, muy bien. (El listado de temas de Viticus musicalizaría muy bien el trayecto entre Buenos Aires y Mar del Plata.)

“Está empezando la fiesta, vamos todavía Cosquín”, arengaban. Los solos de guitarra hicieron el resto. Al tocar “El Forastero”, rindieron un pequeño homenaje a Pappo, a pocos días del aniversario de la muerte del Carpo.

De intachables trajes y guitarras, cerca de las 19 subieron Los Gardelitos, tocando “Oxígeno” y “Los Penitentes”. La banda ha sabido innovar en el ambiente rockero, con sonidos y composiciones difícilmente identificables en influencias típicas del rock nacional.

En el campo, el público saltaba con cada acorde. Pasaron también “Mezclas raras” y “Neanderthal”, cuando la fiesta ya se había instalado en Comuna San Roque.

Lo esperado
La llegada de los Ratones activó la fiesta. “La Nave” y “Carolina” se coreaban en toda la plaza. Los temas pasaban, Juanse se divertía, y el resto de la banda demostraba todo su oficio. Tal vez la incógnita era la performance de Pablo Memi, que si bien ya tocó en vivo con los Ratones en su regreso, hasta el Cosquín no eran demasiados los “eventos grandes” en los que había participado.

Pero en temas como “Boogie”, el histórico (y flamante) bajista de la banda lució intacto. Otro de los que reconfirmó ser el gran pilar musical de los Paranoicos, al mando de la batería, fue Roy Quiroga. Sus largas intervenciones con solos marcando el tempo del grupo, fueron de lo más destacado.

“Hoy todo tiene que ver con Alemania y Transilvania”, explicaba Juanse, antes de presentar a cada integrante de la banda. “Hacía un montón de tiempo que no me sentía tan bien del lado izquierdo”, a propósito de la vuelta de Memi al bajo y a la formación. “El mejor.”

“Una persona que no le hace mal el tabaco ni nada”, presentó a Sarcófago en las guitarras.

Y ahí nomás estalló “El Rock del Gato”, con toda la gente delirando en la plaza. Brazos en alto, gargantas al máximo y uno de los momentos más bailados de la fecha. Con el último acorde, Juanse le dedicó el tema a Sokol y al Carpo, los más recordados del festival.

Vino “Cowboy” y siguieron alimentando la antesala de Las Pelotas y Los Piojos. Con el “Rock del Pedazo” los únicos alienados eran los que no bailaban en el predio.

Mensajes
En la que resultó una de las primeras presentaciones grandes de Las Pelotas, tras la muerte de Sokol a principios de este año, la gente estaba entre expectante y tensa. Ese nudo de sensaciones comenzó a aflojarse, con temas como “El cazador”, cargados de emotividad.

“Y voy herido en tus manos y no quiero despegar tanto dolor, o que pensar”, rezaba la letra. El público, agradecido, mientras aguardaba las palabras de Daffunchio, sobre el adiós al ex integrante de la banda. A la espera, rompió sobre el escenario “Desaparecido”, dedicado a Julio López.

Pero el clima se disparaba bien arriba, con “Tormenta en Júpiter” y “La mirada del amo”. El escenario saltaba, las luces saltaban, la banda saltaba, la gente saltaba.

En un pico emotivo, cuando sobraban las palabras, Daffunchio cantaba: “...quién te puede explicar qué es la vida…”. Llegó el tema “Cómo se curan las heridas” y estaba todo dicho. Después pasaron “Siento luego existo”, “Máscaras de sal” y el clásico “Uva, uva”.

“Este es el mejor festival que hay en la Argentina, y ojalá siga por muchos años”, sentenció Daffunchio, antes de arrancar con “Capitán América”, uno de los himnos peloteros, seguido de “Esperando el milagro”.

Y ahí llegó la sorpresa, el homenaje esperado. Devolviendo el gesto del viernes (cuando Daffunchio subió a tocar con Catupecu), Fernando Ruíz Díaz apareció en el escenario para cantar “Sin hilo”, tantas veces interpretado por Sokol… Afónicos, a full, el tema se disfrutó como siempre, como si la tapa de los diarios nunca hubiese dado la terrible noticia.

Fue tan conmovedor el aplauso que la banda tuvo que volver a escena, algo poco común en los festivals. Regresaron, y se despidieron bien arriba con “Hawai”.

Rito al clima
Todo oscuro y una catarata de imágenes en las pantallas gigantes que llevaron al Cosquín: así arrancaban Los Piojos. Un set instrumental con sonidos de viento y percusión anunciaba el inicio del ritual.

Y ahí nomás empezaron a sonar las guitarras, como si Pity nunca hubiese dejado a la banda. “Manjar” fue el corte elegido para arrancar, a todo trapo, con unas 25 mil almas revoleando remeras y banderas. Ritual, fiesta, carnaval… Ya no importaba, la música estallaba en cada rincón de la plaza.

Ciro se movía por todo el escenario, agitando los brazos como sólo el frontman piojoso sabe hacer. Pronto estallaría “María y José”, la apertura de “Verde Paisaje del Infierno”, acaso uno de los discos mejor producidos de la banda.

Llegaría el turno de los viejos clásicos de la banda, como “Taxi boy”, con un gran momento instrumental lleno de percusión, guitarras y armónicas, al estilo piojoso. Pero fueron mechando también con cortes nuevos, como “Civilización”, y temas de “Ay ay ay”, como “Angelito”. No podía faltar “Tan solo”, a pedido del campo que coreó casi toda la canción.

Tampoco faltó la dedicatoria a Sokol. Entonces empezaron con “Un buen día”, en el que Micky se puso al mando del micrófono. Con “Fantasma” volvieron a estallar las guitarras y Ciro ya animaba a gusto y piaccere. Pasaban “Merecido” y “Desde lejos no se ve”, a todo ritmo.

“Vamooos, Los Piojoooos…”, tarareaban miles y miles. Como de fondo se escuchaba el escenario de reggae, con Resistencia Suburbana, se pusieron a improvisar una versión reggae de “Ruleta”.

Retomaron tocando “Pacífico”, de “Civilización”, que amagaba ser el último tema de la noche. Pero volvieron a escena con “Bicho de ciudad”, y una versión piojosa de “El viejo”, de Pappo. Volverían al repertorio propio con “Cruel”, que se lo dedicaron a Sokol.

“Queremos decir no a la minería contaminante. Sí a la vida, sí a la agua”, protestó Ciro ante su micrófono. Pegadito, arrancó una intro tranquila de “Verano del 92”, que pronto estalló con todo, y un apaciguado cierre definitivo con "Buenos días Palomar" y "Finale", mientras saludaban a cada rincón del país, pueblo por pueblo.

Era tan bueno el clima, que Los Piojos que no se querían bajar. Se pusieron a tocar "Zapatos de gamuza azul", haciendo bailar a miles. La gente siguió aplaudiendo por varios minutos, como con pocas bandas del festival.

Todo era alegría en el predio del Cosquín, y pese a que todavía falta la fecha de Manu Chao, la gente ya pedía más para el próximo año.“El Cosquín tiene eso, se sobrepuso al clima y a la crisis”, se contentaba José Palazzo. El organizador del festival cordobés también explicó el cambio de Kapanga a la fecha de Manu Chao. “A la banda le cerraba más”, dijo, y confirmó la grilla de esa fecha

Al ser consultado sobre la décima edición del Cosquín Rock, para 2010, Palazzo anticipó “que si Charly se recupera, sería muy bueno tenerlo acá. Sería un invitado casi obligado. Voy a hacer el esfuerzo, también, para que venga Calamaro, y estuve hablando con Bersuit”.

Fernando Amdan


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