Manejar un Discovery es casi un retorno a los orígenes. Después de tanto vehículo deportivo-utilitario este es un clásico de los 4x4. Como los de antes pero con todo lo de ahora: ejes rígidos, generoso despeje, chasis de largueros y caja reductora, pero con un bagaje tecnológico importante.
Al dar contacto y ver la cantidad de testigos multicolores que titilan en el tablero se nota ese apoyo. Desde lo tradicional el modelo ofrece tracción total permanente, diferencial central, y convertidor de par para una caja automática de cuatro velocidades y caja reductora.
| En la ciudad se agradece la presencia de la caja automática. |
Entre lo nuevo: control electrónico de tracción (ETC) en frecuencia con el ABS, que elimina los clásicos bloqueos manuales de los diferenciales; sistema de control de descenso HDC; sistema antibalanceo que no limita la práctica off road y el SLS o suspensión autonivelante trasera que eleva la cola unos cuatro centímetros para mejorar el escaso despeje trasero.
¿Cómo se traduce todo ese palabrerío con el barro hasta las puertas? Fantásticamente. En esas circunstancias aflora la esencia del Discovery, robusto, sólido, apto para enfrentar lo que aparezca, con una gran capacidad de tracción que, en el particular caso de la unidad testeada, se limitaba, y mucho, por la adopción de un neumático sólo para el asfalto.
La caja de velocidades, con la reductora conectada, permite sacar provecho de los 137 CV sin que los cambios se pasen solos. Es realmente gratificante pasar por lugares que con otro vehículo uno lo pensaría dos veces. El HDC permite tirarlo sin miramientos en una barranca y si se le suma la gestión automática de la caja, caemos en que sólo queda prestar atención al volante y escoger el régimen apropiado del motor. Después pasa solo.
De vuelta a la ciudad se muestra altanero y confortable, la caja es una delicia y la cuidada insonorización asegura altas dosis de relax. En ruta marca un cambio importante respecto a la versión anterior con el fin de los peligrosos balanceos de carrocería.
El interior brinda siete plazas, las traseras sólo aptas para chicos, gran equipamiento con el faltante de computadora de abordo y la memoria de asientos y espejos. La posición de manejo es buena, muy alta y al mejor estilo de los clásicos 4x4.
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Terra/Motorpress
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