Este propulsor, como casi todos los de Peugeot, se caracteriza por priorizar un funcionamiento suave con rumorosidad casi inexistente, y que acelera en forma progresiva y dulce hasta alcanzar los valores máximos de velocidad, que es cuando se manifiestan las bondades de las suspensiones que le confieren un comportamiento de alto nivel.
El consumo, tanto en ciudad como en ruta no es el fuerte de esta nueva versión, como tampoco lo era en la anterior, aunque la autonomía no se ve perjudicada ya que el tanque dispone de generosos 70 litros. La máxima, en tanto, supera los 210 km/h, mientras que los 0-100 los cubre en menos de 11 segundos.
Desde el punto de vista del diseño exterior nada ha cambiado luego del último restyling, lo mismo vale para la excelente habitabilidad, en especial en las plazas posteriores. La posición de manejo tiene algunos puntos en contra, pero las múltiples regulaciones eléctricas ayudan a encontrar la mejor postura.
Las suspensiones hacen que el 406 doble con total franqueza en curvas de cualquier tipo y radio, aunque es a altas velocidades cuando se valoran realmente las virtudes del conjunto. La tenida es impecable y posee un equilibrio ideal en la circulación urbana sin penalizar su actitud rutera.
Respecto a la seguridad activa y pasiva, el 406 cuenta con ABS y cuatro airbags en las plazas delanteras. Los frenos cumplen su función pero las distancias no sorprenden. El selector de cambios continúa siendo lento, pero la conexión de las marchas es mucho más segura.
A FAVOR
Comportamiento equilibrado.
Potencia adecuada.
Habitabilidad ejemplar.
Robustez estructural.
Capacidad del baúl.
EN CONTRA
Insonorización mejorable.
Tacto del freno.
Consumo promedio.
Comando de caja lento.
Vibración en cristales delanteros.