Presley murió el 16 de agosto de 1977 por una insuficiencia respiratoria. La noticia estremeció a Estados Unidos y al mundo porque el artista había cambiado la música y el estilo de vida de toda una generación.
Aunque en los años previos a su desaparición ya no enloquecía a las jovencitas como lo hacía dos décadas antes, cuando era ídolo indiscutido, todavía actuaba regularmente presentando un espectáculo con sus grandes éxitos, aunque en versiones estilizadas y ajustadas a su voz ya deteriorada.
Poco antes de morir, su grotesca figura, que mostraba un gran sobrepeso, inspiraba más lástima que admiración, pero sus seguidores incondicionales continuaban llenando los lugares donde se presentaba.
A las pocas horas de su deceso, era imposible conseguir un disco de Presley en las tiendas de Nueva York y de otras ciudades grandes estadounidenses, por lo que los ejecutivos de su sello, RCA, corrieron a reeditar los centenares de álbumes que había dejado el cantante.
En unos días los estantes volvían a estar bien abastecidos con los discos de 33 revoluciones por minuto que contenían los grandes éxitos del ídolo que había desaparecido a los 42 años, cuando estaba en franco descenso en comparación con su extraordinaria primera época.
Pero una vez que se fue disipando la conmoción por su deceso, comenzaron a aflorar detalles sobre la verdadera causa de su muerte, apuntando todos los dedos hacia su médico personal, George C. Nichopoulos, quien le recetó las drogas que acabarían con su vida.
Los restos del rey del rock and roll fueron depositados en el cementerio de Forest Hills, pero años más tarde fueron trasladados a Graceland, su mansión en Memphis, para que reposara junto a su madre, que murió cuando él cumplía con el servicio militar. Años después se les uniría Vernon Presley, padre del cantante.
En la mansión, donde fue el velatorio, sólo se permitió la entrada a 30.000 personas para que vieran el ataúd que contenía el cuerpo sin vida del hinchado Elvis. Allí mismo nació el mito, que actualmente está más vivo que nunca. Junto con Marilyn Monroe, James Dean y Humphrey Bogart se le considera lo más representativo de la cultura norteamericana.
Como dejó en claro Andrés Calamaro en su disco Alta Suciedad, muchos de sus fans aún creen que Elvis está vivo, en su mansión de Memphis "mirando mil canales a la vez" o quizás pasándola bien en algún lugar paradisíaco, alejado de la prensa y el acoso de las multitudes.