| Buenos Aires, 30 de agosto de 2007 - 17:37 hs. Última actualización 16:40
Videos del show Caetano Veloso: animal de escenario El brasileño volvió a sorprender en vivo, ahora sin orquestas ni grupos de percusión: se puso en la piel de un cantante de rock y lo acompañó un trío. Esta vez su performance fue más sobria y descarnada. Videos del concierto.
  Caetano Veloso en el Gran Rex Durante la última década, Caetano Veloso vino varias veces a la Argentina, siempre con alguna novedad bajo el brazo. Cuando le tocó aquí transformar sus discos en un hecho vivo, el brasileño se desdobló en: a) un médium entre un grupo de percusión y una banda de rock, en tiempos de Livro, b) el apóstolo de Joao Gilberto -así se definió la vez que compartió escenario con él-, c) un transmisor de las injusticias raciales constitutivas en Brasil, circa Noites do Norte y d) un almidonado intérprete de canciones norteamericanas.
Con ese espíritu mutante, lleno de sorpresas y guiado por el trabajo previo de los discos, Caetano Veloso parece decirnos en vivo que nunca esperemos lo mismo, que siempre hay oportunidad para una nueva travesura de su inquieta personalidad artística. Lo que en otros puede parecer esquizofrenia, en él es un paso más de la actitud que acompaña su tropicalismo inherente: cambiar algo, abrazar una nueva causa, para que todo siga igual.
Parado frente al micrófono, empuñando una guitarra eléctrica, vestido con una campera de jean desteñida y pantalones raídos, esta vez Caetano Veloso se puso en la piel de un cantante de rock. Esa decisión de volver abiertamente hacia este género, que en rigor nunca abandonó del todo, ya se dejaba entrever tiempo atrás, cuando polemizó públicamente con la crítica de rock en Brasil. El corolario lógico de la disputa lo marcó su crudo disco Cé, casi como una declaración de principios. El rock según Caetano.
Así llegamos a estos conciertos en el Gran Rex: con el escenario despoblado, sin la parafernalia visual de otras visitas y sin gestos demagógicos de tocar apenas algunos temas del nuevo disco para cumplir. En otras palabras, Caetano decidió llegar hasta el fondo de la cuestión con su último CD. Lo tocó completo: el sonido chirriante de las guitarras parece desubicar a las señoras de la platea cuando empieza a desandar el camino con Outro.
Acompañado por Pedro Sa (guitarra eléctrica) y esa pared sonora que constituyen Ricardo Dias Gomes (bajo y piano eléctrico) y Marcelo Callado (batería), Caetano levanta ovaciones cuando baja el volumen: el etéreo Corazón vagabundo, el primer tema de su primer disco de 1967, de sobrio romanticismo, genera una larga cosecha de aplausos, que el bahiano devuelve con una versión del tango Volver, un género al que más de una vez ha regresado en vivo o en sus grabaciones.
Pero la temática del rock ocupa la mayor parte del repertorio. Caetano vuelve sobre temas que fueron los basamentos de su carrera. Con el exilio londinense como cortina, la extraordinario etapa del CD Transa (inicios de los años 70) queda reflejada a través de You don `t know me y Nine out of ten (nueve de cada diez estrellas de cine me hacen llorar/ estoy vivo), época en la que cierta psicodelia se filtraba en su obra.
Quizá ahí radique uno de los ejes de la trama artística de Veloso. A la nobleza de sus canciones, en vivo se suma la vitalidad impactante de sus performances. Allí está despidiéndose con O Leãozinho, Cucurrucucu Paloma y el público de pie, festejando. En Caetano no hay decadencia.
Terra
/ Andrés Casak.
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